jueves, 8 de diciembre de 2022

Peticiones

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Poco se sabe de los motivos que nos llevan a dar algo a alguien que pide. Puede que nos mueva la bondad, la compasión, la empatía, o las ganas de quedar bien delante de los demás. Lo cierto es que todos o casi todos, en mayor o menos medida, hemos echado unas monedas, hemos donado un kilo de arroz o hemos pagado una cuota mensual en la ONG que más nos ha tocado la fibra. Todos, o casi todos, tenemos un lado bondadoso, humano, que desea que la situación de los que están peor, mejore. Pero no cabe duda de que existe un cierto aire de superioridad en aquel que reparte limosna, que ve al receptor como un mendigo y no como alguien que bien podría ser él, con un poco de menos suerte en la vida. Lo cierto es que cuando damos, nos gustamos un poco más a nosotros mismos. Damos, también, para sentirnos mejor, para que digan que qué buenos somos, para provocarnos una sonrisa, para alegrarnos el día. Damos, entonces, un poco de asco. Eso lo sabe todo aquel que pide y que finge que no nos detesta, que no nos envidia. Por no saber lo que ellos saben: que la vida puede llegar a ser un asco, terriblemente cruel, miserable e injusta. Que a cualquiera le puede tocar ese boleto. Y que no se debe escupir hacia arriba. Porque mañana podrías ser tú.

martes, 22 de noviembre de 2022

Barrios

 

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Me gusta la vida de barrio. Las calles muertas donde solíamos salir a jugar sin riesgos cuando éramos pequeños. La tienda donde comprábamos chucherías, las hileras de coches aparcados detrás de los cuáles nos ocultábamos al jugar al escondite. Su olor a asfalto y su sabor a balcón con toldo y barandilla. Los barrios son nuestros vecinos tomándose un café en el bar de abajo, los garajes contra cuya persiana los niños lanzaban el balón como si fuese una portería, una pintada en la pared de tu edificio que ponía Manuel y Susana. Los barrios tienen ese aire familiar que los convierte a todos en uno solo, que bien podría ser el lugar donde te criaste y te pelaste las rodillas al jugar al pañuelo. Son las charlas de las vecinas, de ventana a ventana, los tendederos de ropa, las persianas sucias, las plaquetas que se caen de las fachadas de los años 70. Los portales de los primeros besos, los ascensores donde todavía caben cuatro personas, los perritos que sacan a pasear a sus dueños, los gatos en el alféizar de un quinto piso. Me gustan los barrios porque en ellos hay vida, sonido de motores y de pájaros, alegría. Porque son lugares sencillos donde vive gente variopinta y, a veces, infeliz. Porque son los lugares que habito y sobre todo, me gustan, porque no se morirán nunca.

martes, 8 de noviembre de 2022

La sombra del ciprés

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

 La tumba de mi madre está a la sombra de un ciprés. Ella se murió y no hay nada que pueda hacer para que vuelva, salvo recordarla cada día de la vida que me queda. Y eso hago, de momento, olvidarme de olvidarla. Mi madre era la típica tía que no se quería morir ni a tiros, pero se ha muerto, repito, aunque de pequeña yo pensaba que eso jamás le pasaría. Hizo lo que pudo, la verdad, pues fue inmortal hasta este 16 de febrero, día en que todo acabó, a sus 76 años. La muerte de una madre solo sucede una vez, y es suficiente. Una vez ocurre, ya no es posible escucharla, abrazarla, ni preguntarle por su pócima sabrosa de licor café. Su presencia sonriendo, cocinando, peinando mi pelo alborotado. De mi madre solo me quedan mi padre, mi hermano y Toby. Todo lo demás son objetos que me la recuerdan, pero que no me quieren como ella. Desde su muerte, no he dejado de ver mariposas blancas, algunas, dentro de casa. Me gusta pensar que son ella, que desde algún lado viene a vigilar, a cuidarme. Cada uno se consuela como puede. Imagino que es demasiado pronto para aceptar de una manera radical que no la volveré a ver, que no puedo llamarla, que ha desaparecido, que debo sacar ya su ropa del armario. Solo me queda la posibilidad de un sueño al azar y visitar su tumba, su tumba blanca -como las mariposas-, bajo la sombra de ese viejo y triste ciprés del cementerio de mi pueblo.

sábado, 22 de octubre de 2022

Pensar

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Parece fácil, pero ni todo el mundo sabe pensar, ni en ocasiones, quiere. Hay un montón de personas deseando hacerlo por nosotros y la mayoría de las veces, nos dejamos. Que si córtate el pelo, que si cómprate el piso, que si cásate ya, que si come más fruta. Cuánta gente hay dando consejos sin dinero, que es lo que en realidad necesitamos todos los que ya tenemos salud a espuertas. Pensar se pone cada vez más cuesta arriba y hacerlo de manera que nos conduzca a alguna parte, es misión imposible. Mi abuela, por poner un ejemplo, pensaba que yo sería mucho más alta que mi hermano; sin embargo la realidad me apuñaló en cuanto él pegó el estirón y me superó en diez centímetros. He ahí una prueba de que pensar por pensar -que es lo que hacemos la mayoría-, está sobrevalorado. Nos entretiene, vale, que en parte es de lo que se trata, pero no resuelve los grandes problemas universales, cosa que jode. Porque a todos nos gustaría ser sabios para llevarnos -cuando menos- el Nobel, calentito. Mientras tanto hacemos que pensamos y nos creemos dueños de nuestra vida y de nuestras acciones, como si pararnos en el paso de peatones no obedeciese, nunca mejor dicho, a ese semáforo que se pone en rojo aún cuando no vienen coches, porque alguien lo ha programado, pensando, como siempre, en lo que es mejor para nosotros.

sábado, 8 de octubre de 2022

Sed

Fotografía: efialtes_fernando gonzález


Mi madre era una persona muy dada a contar historias. Una de ellas trataba de un tipo, un hombre de su pueblo -ya entrado en años- al que llamaban señor Cándido, que no sabía beber. Cuando este se emborrachaba, que era todas las semanas para no perder la costumbre, se le daba por gritar ¡Viva Rusia! ¡Viva Rusia! de camino a casa. Decía mi madre que aquello eran los años 50, de manera que si la Guardia Civil, -muy acostumbrada a pasearse por la zona-, lo hubiera pillado, le hubiera metido una somanta de cojones por su arrebato procomunista. Pero nunca pasó. Y el tipo murió de viejo. Muchas veces me acuerdo de ese hombre y pienso que sí sabía beber. Bebía con sed, con la sed de algunos hombres de antes, que era sed de vino tinto y sed de rebeldía. De gritar lo que le diese la gana. De desafiar, a la hora que fuese. Bajo aquella dictadura franquista. De hacerlo para que mi madre algún día me lo contase. Y para que muchos días yo lo recuerde y me beba un vaso de vino tinto en su honor. Y en honor a la libertad que el hecho de gritar aquello, representaba.
 

jueves, 22 de septiembre de 2022

Hartistas

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Tratar de definir el arte con palabras es como intentar ponerle puertas al mar. El crujido que uno siente en su interior cuando algo creado por otro ser humano te define, te identifica o te interroga es mucho más profundo que cualquier explicación que pueda ofrecernos un diccionario de la RAE. El arte es sabio. Y no le ha importado esperar durante siglos a que lo comprendamos, lo admiremos, lo aceptemos y lo integremos en nuestras nuevas formas de vida. La pintura. La fotografía. El cine. La escultura. La música. La arquitectura. La literatura. Constituyen las clásicas maneras que han elegido hombres y mujeres para poder expresar aquello que sienten  y que les estalla por dentro. Sin conocer el resultado de todas esas manifestaciones, nuestra vida sería más pobre, más triste, más vacía y totalmente insignificante. La cultura y el arte contribuyen al conocimiento, al desarrollo de la sensibilidad y el placer estético, a la formación de un criterio propio, al fortalecimiento de la capacidad de pensar. Ignorarlos supone introducirnos en una cueva húmeda y oscura. Sin cerillas, sin antorchas, sin linternas, sin nada. Los artistas lo saben. Y desparraman sus colores, sus palabras, sus sonidos y sus imágenes, para que nos llenemos de luz. Atacarlos presupone cierto grado de ignorancia, de embotamiento, de anhedonia. Los hartistas lo sabemos (no confundir con el movimiento). Solo somos personas individuales, hartas del desprecio hacia aquello que nos complementa, alimenta nuestro espíritu y nos convierte en mejores personas. Personas a las que entristece la apatía social e institucional, la falta de apoyo, la ausencia de ganas. Los hartistas queremos más visitas a museos, presupuesto, butacas llenas, políticos que sepan quién sigue siendo Saramago. Los hartistas no nos rendimos. Y miramos mal al que se ríe de que no se vendan todas las localidades, al que prefiere el brillo del los leds al de los cerebros que escriben un libro, dan un concierto o dirigen una peli de bajo presupuesto. Los hartistas somos luchadores. Y consumidores de arte y de cultura, aquello que contribuye a que nos mantengamos con vida, porque nos aporta conocimiento, ilusión, amplitud de miras y curiosidad. Que nadie venga a decirnos que no sirven para nada. Que nadie intente arrebatarnos la fragilidad.



jueves, 8 de septiembre de 2022

Espías

Fotografía: efialtes_fernándo gonzález
Ya nos pasó con las mirillas. Con ese nombre, qué imaginábamos. Quién no ha estado pendiente de la entrada a casa de un vecino buenorro, quién no ha vivido una discusión en el descansillo tras la puerta, quién no ha sucumbido a mirar por el agujerito acristalado. Ni un dios podría resistirse. Y aunque los tiempos han cambiado, nos sigue fascinando eso de espiar. Ahora todo es un poco más líquido, vale, ahora todo es una red social, pero en ella también sucumbimos al cotilleo. Sin caer en la excentricidad de las cuentas falsas, los curiosos somos seres algo vacíos, probablemente tímidos, seguramente desconfiados, que buscamos lo que está a la vista de todos y sin embargo pasa desapercibido, es decir, la pepita de oro en medio del lodazal. Observar disimuladamente a alguien requiere tiempo, paciencia, curiosidad y por lo general, cierta dosis de amor. Se espía a la familia, a los amigos, a la pareja, a los enemigos, a los ex y por supuesto, a los famosos. Y es que todos llevamos un fan en nuestro interior. Permitir que este muera es un acto de crueldad, de desidia, de irresponsabilidad. Así que necesitamos contenido, publicaciones, chicha, porque en realidad somos como pequeños gorilas atrapados en la jaula de un zoo esperando a que ese visitante que también nos mira intrigado, nos acerque el último cacahuete de la bolsa. A qué estará esperando. Si el tiempo es un maní.

lunes, 22 de agosto de 2022

Sistemas de defensa


Está meridianamente claro que reírse de uno mismo es mucho más sencillo que que se rían de ti. El fin de semana pasado, por poner un ejemplo, me llamaron, en los dos días consecutivos, foca y solterona, en ese orden. Yo contesté a la afrenta con una sonrisa, desde luego, pero por dentro me cagué en su puta madre. Por fuera no, claro. Eran de la familia. Cada uno de nosotros construye un sistema de defensa contra las agresiones diarias, a la vez que intenta tomar libremente decisiones tan incompresibles como no casarse, no tener hijos, o comerse doscientos gramos de mortadela con aceitunas. Porque sí. No todo va a ser follar, como dijo Krahe. Tropezarte con ciertos gilipollas a lo largo de tu vida, sin embargo, puede hacer que te hundas en la miseria o que te reafirmes. Luchar contra lo retrógrado también agota, me digo mirándome al puto espejo que, como todos, tengo en casa, pero mi sonrisa y yo, tiramos para adelante :).

lunes, 8 de agosto de 2022

Arrojar basura al mar

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Apareces y desapareces
como basura arrojada al océano
sin mala intención,
aunque el daño se halle presente
en cada cuchara de metal
cada neumático 
y cada tapón de plástico que devuelve la marea.

En medio de todo eso que has dejado, 
hoy también voy a nadar.

viernes, 22 de julio de 2022

Algo de viento

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

 Qué sensación. La de estar suspendidos en el aire. Soñar que volamos, que nos balanceamos en una hamaca, que colgamos las piernas cuando nos sentamos en un muro alto, ver secarse la ropa al sol y algo de viento. La brisa es tan gratificante como cobrar a final de mes. El aire libre es una paga extra. Cada vez hay más problemas de ansiedad, de salud mental, cada vez nos sentimos más heridos e indefensos. No hay soluciones fáciles, pero ojalá esta lo fuera. Parar, respirar, dejarse mecer, tumbarse boca arriba con los ojos cerrados, comernos una zanahoria, masticar lento, hablar despacio, dejar las redes sociales por un tiempo indefinido. Hacer nuevos amigos, quizá con nombre de vaca o de cabra, o de gato. Pasar tiempo con ellos, tal vez acariciarlos, dejarnos lamer. Volver a lo primario, a plantar un tomate, a segar la hierba, a ordeñar. Quién sabe si eso ayudaría. Quien sabe si lo que necesitamos es un tendal en medio de la nada y algo de viento.

viernes, 8 de julio de 2022

Julio

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Julio ya está aquí, golpeándonos suavemente como un balón de playa, acercándonos prudentemente a la Navidad. Es ese mes que huele a crema y que sabe a cerezas. Es el calor abrasador y el chorro de agua fresca de las fuentes de los pueblos. Julio son las vacaciones, el cumpleaños, lo conciertos de verano y las terrazas llenas de gente bebiendo sangría. Todo su calor incita a pensamientos turbios y a actos impuros. Al cigarrito de después. Ponerse unas chanclas para inmediatamente quitárnoslas al pisar la playa ya es deporte nacional. Comer melón, a un precio prohibitivo. Esparcirnos la crema protectora, en vez de ir a pelo como en los noventa, cuando te descascarillabas sin más y pellejo nuevo. Julio es un mes bonito y algo vago, como una parte de nosotros. Se vuelven 31 días de no querer hacer nada (salvo el muerto en el agua), de buscar una buena sombra y beberte una Mil Nueve bien fresquita. Julio es un mes para los cachas y al resto que nos jodan y nos lleven los sudores. Julio ya está aquí, con sus tormentas y sus treinta grados. Y a quien no le guste, que se abanique y camine descalzo sobre la hierba. Si eso no funciona, apaga (el sol) y vámonos.

miércoles, 22 de junio de 2022

Perros

 

Fotografía: efialtes_fernando gonzález


Me encantan los perros. El ruidito mimoso de los cachorros cuando los coges en el regazo y los acercas a ti. Las travesuras de los primeros años, cuando mordisquean las zapatillas y zarandean las escobas con furia. Los lametazos. Acariciarles la barriga cuando se tumban boca arriba y te abrazan con las patas. Sus bostezos. Sus eructillos y sus pedos apestosos. La alegría que manifiestan en los recibimientos y la pena que transmiten en las despedidas. Su manera de enterrar los huesos. Su trufa húmeda. La expresividad de sus ojos. Su lealtad. Esa manera incondicional de querer. Los ladridos. 

Aborrezco la violencia ejercida sobre ellos, las tormentas que los atemorizan, los petardos que los aterran, a aquellos que organizan peleas, a quienes no los acarician, el moquillo, la rabia y los tumores. Detesto el abandono, la maldad y el tráfico.

Si pudiese reencarnarme, lo haría en perro. En uno como el de la foto, probablemente sin raza, posiblemente con nombre. Sería un Toby o una Laika, y me tumbaría como él al sol, para disfrutar de la tarde y de aquellos que pasan, sacan una cámara e inmortalizan tu mirada perruna, cargada de desconfianza, sorpresa y soledad. 

miércoles, 8 de junio de 2022

Echarse flores

Fotografía: efialtes_fernando gonzález


Todos hemos nacido con ese don. Deshojamos la margarita y casi siempre nos sale un me quiero, aunque no me quieran. Somos unos putos egocéntricos, esa es la verdad. Y nos encanta que nos hagan casito, que nos echen flores, que se vuelquen con nosotros. No hay más que ver nuestros muros de Facebook, nuestros perfiles de Instagram, nuestros ridículos bailes en Tik Tok. Suspiramos por un puñado de likes, por un comentario nuevo en nuestro blog. Queremos que nos quieran más que llegar a fin de mes. Deseamos la alabanza, el aplauso, una alfombra roja que pisotear con nuestros taconazos de purpurina. Damos pena. Y nos gusta darla si eso nos aporta otro Me gusta. Qué le vamos a hacer, si no tenemos abuela o la que tenemos, solo sabe repartir hostias. ¡Ah, que tiempos lo de antes! Qué anónimos éramos, qué infelices. Menos mal que las redes sociales han llegado para sacarnos del fango, para hacernos brillar. Ahora al fin somos aquello que siempre quisimos ser. El centro de atención o, lo que es lo mismo, esa abultada piñata que se abre para hacer felices a quienes además de festejarla, la golpean con el palo.

 

domingo, 22 de mayo de 2022

La limosna


Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Abrir el paraguas es altamente recomendable cuando ves que va a caer un chaparrón. En mi pueblo, por ejemplo, todavía vive el cura que, a la entrada de la iglesia, puso un corcho con un listado de vecinos y lo que cada uno de ellos había aportado en donativos ese año. En números rojos, a un lado, subrayaba la deuda que tenía la parroquia en aquellos momentos, que era algo así como un millón ochocientas mil pesetas, o lo que es lo mismo, lo que le había costado su Citroën Xantia nuevo. Mi familia y yo, que no aportábamos un duro, cuando íbamos a algún entierro, mirábamos para aquel corcho y abríamos el paraguas de la indiferencia. Gracias a ello sobrevivimos al escarnio público. Ese paraguas eliminó el rubor de nuestras caras e impidió que pusiésemos la otra mejilla, o directamente, el culo. Cada vez que desde el púlpito ese mismo cura gritaba "con la fe no basta, hay que dar", más nos agarrábamos la cartera cuando pasaban el cepillo. Y os juro que no era tacañería. Era amor propio.

domingo, 8 de mayo de 2022

El timbre

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Sobre cualquier pared de azulejos puede presentársenos una disyuntiva: timbrar o no timbrar. Y es que no siempre conseguimos que la persona que está en el interior de una casa nos abra la puerta o responda, tan siquiera, al timbrazo. Hacen falta mucha energía y una dosis potente de buen humor para contestar al telefonillo. Quién sabe quién podría ser. Normalmente, mormones. Está claro que cualquier mal presagio se cumplirá, si ya se ha recibido la visita del butanero. Cualquier otra cosa, morralla, recibos o vendedores de enciclopedias. En la era de Internet. Cómo estará el patio. Responder a una llamada es, pues, tarea de valientes. Porque nunca es el vecino interesante que viene a pedir sal. Nunca son seres angelicales cantando villancicos el día de Navidad. Abrir la puerta supone encararse con un pago o un pelma. Los timbres se han hecho para incordiar al que duerme plácidamente la siesta en el sofá, para provocar un incendio cuando se está cocinando y se acude a la llamada, para levantarnos del váter cuando nos hemos bajado ya los pantalones. Al que le ha pasado se le plantea pues, el dilema: Vivir o dejar vivir. Aunque siempre podrá timbrar y salir corriendo. A quién no le gusta una travesura.

viernes, 22 de abril de 2022

Feísmo del bueno

 

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Desde que somos modernos, descartamos lo feo. Ya no aprovechamos el viejo somier de la cama de matrimonio para construir con él la puerta de entrada de nuestra huerta más productiva. ¿Qué será lo próximo? ¿Tirar la nevera en el punto limpio solo porque ha dejado de funcionar, en vez de llevarla a una finca y usarla como despensa? Pensémoslo bien (antes lo hacían): la bebida siempre se mantendría fresca. Si bien es cierto que hoy en día, apenas cultivamos la tierra: unos tomatitos por aquí, una docena de lechugas por allá... cada vez más plantamos cosas que crecen solas y no nos hacen sudar. Ah, qué tiempos aquellos en los que se echaban y arrancaban las patatas a mano para toda la familia, en que se vendimiaba, en el que se mataba al cerdo y se recogía su sangre para hacer filloas. Ya nada es feo y tétrico como por entonces. Ya no hacemos callo, literalmente hablando. Ahora nos gusta lo aséptico, la ausencia de sufrimiento, las casas decoradas con muebles de Ikea. Hemos dado muerte a lo "enxebre". Y no cabe duda de que Dios nuestrosiñó, nos castigará por ello :).

viernes, 8 de abril de 2022

La hojarasca

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Somos así de frágiles, como la hojarasca que cae al suelo con un testarudo golpe de viento. Aunque el tronco siga en pie, perdemos tantas cosas a medida que pasa el tiempo, que el desgaste de la corteza suele ser visible, palpable, brutal. De nada sirve tatuarse un corazón o una fecha. De nada sirve nada. Aquello que hagamos hoy, se borrará con el tiempo en cuanto dejen de recordarnos. Es la vida. Y sin embargo, -siempre y eternamente y sin embargo- seguimos escribiendo posts, completando álbumes de fotos, acumulando libros dedicados, quizá con el irrisorio fin de perdurar en el tiempo, de permanecer de alguna manera, de estar presentes en el mundo. Y es que nos dan miedo los finales, las grandes incógnitas, el desaparecer. Nadie ha vuelto y eso, lastima. Nadie ha dejado de morir. Y eso, aterra. Lo que importa es el camino, nos dicen. El transcurso del vuelo de cada una de esas hojas hasta que toca el suelo, dejando nuestra ramas limpias, desnudas, yermas. Lo importante es no sufrir más de la cuenta, mantener el equilibrio, distraerse mirando algún partido de tenis, no tomar azúcar ni grasas, dormir 8 horas a placer. Pero ¿quién no piensa en el después? Solo los niños están a salvo. Y de ellos, debemos aprender.

martes, 22 de marzo de 2022

Dulce caramelo


Fotografía: efialtes_fernando gonzález

    Hasta las personas más dulces, han robado un caramelo en la tienda de su barrio. La vida no sería entendible sin ese sabor azucarado y esa textura, a veces chiclosa, envuelta en un plástico de colorines y colocada en pequeños montoncitos justo ahí, donde podamos adquirirla. Antes o después, todos caemos en la tentación, quizá y, sobre todo, porque no queremos perder definitivamente los lazos que nos atan a la infancia o, lo que es lo mismo, a la alegría de estar vivos. Y es que un caramelo no pasa de moda, como no debe hacerlo nada de aquello que nos conduce a la felicidad. Un caramelo nos recuerda a nuestros abuelos, nos une a nuestros hijos y paga el sueldo de nuestros dentistas. Sería un objeto de placer perfecto si no se diluyese; la obra maestra de la repostería; el Rolex de las golosinas. En el taller de encuadernación en el que trabajo, ha aparecido una bolsa abierta de caramelos Respiral, con fecha de 2018. Como no soy demasiado escrupulosa y me encantan los años pares, los he ido abriendo, despegando del plástico y saboreando y masticando lo que queda de ellos, que es casi todo. La caducidad no existe, ni debe importar, cuando un encuentro fortuito como este, te alegra el día y, por si fuera poco, mejora tu respiración.

martes, 8 de marzo de 2022

La suerte

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Aunque parezca mentira, casi todo el mundo cree en la suerte. Por eso, quizás, se sigue jugando a la lotería. Todos merecemos tener, al menos, un golpe afortunado, una buena racha, un instante increíble, porque, aunque lo normal sea el término medio, a quién no le gusta un subidón. La suerte suele asociarse al dinero, pero lo cierto es que ahí están, antes que eso, la fortuna de tener salud y al menos, algo de paz. La buena suerte es no sufrir un accidente, un parto rapidito, una ganga en la feria, encontrar un billete de 50, que el bizcocho salga esponjoso, un elefante con la trompa apuntando al cielo. La mala suerte es todo lo otro que también nos pasa, al menos, una vez en la vida. Un engorro en forma de mal día, mal mes, mal año. Un paraje inhóspito y desolador. Una guerra, tan absurda como todas. Nadie sabe qué hay que hacer para evitarla, cómo esquivarla. Porque la mala suerte brota de repente cual espinilla y se queda el tiempo que haga falta, como un mal invitado. Por eso hay que armarse de paciencia y resistir. Dejar que llegue lo bueno -tal vez un día como hoy, la igualdad- y permitirle, también, que nos arrolle. Para equilibrar la puta balanza.

martes, 22 de febrero de 2022

Lo oscuro

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

La oscuridad puede preceder a cosas maravillosas: la peli que siempre quisiste ver, algún que otro magreo, la comida de la nevera, o la llama de tu Zippo favorito al abrirse. Vivir en la penumbra puede tener su gracia, aunque a veces sientas que estás ahí, aparcado, como el coche de segunda mano en el que aprendiste a conducir. Porque, cuando menos te lo esperas, vas y consigues venderlo a un precio razonable a ese desconocido que te cae tan bien. Lo oscuro alberga la importancia de lo secreto, de aquello que no se puede desvelar a bajo coste. En la oscuridad nos movemos a tientas, con cuidado, para no darnos con el meñique contra esa línea recta que es el marco de la puerta y que nos espera ahí, tramposilla, para provocarnos un dolor inaudito. Lo mejor es calzarse. Pero seguir tanteando, palpando las paredes, los muebles, las cortinas. Darle valor a la capacidad de intuir, de imaginar, de crear nuevas atmósferas. De soñar a ciegas, sabiendo que lo oscuro también es peligroso y nos atañe. Sabiendo que lo oscuro, es la muerte de mi madre. Lo oscuro, es el recibo de la luz.

martes, 8 de febrero de 2022

Llamadas

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Aún no lo sabéis, pero resulta que tengo una amiga imaginaria. Nos conocemos desde pequeñas, y , aunque hemos estado un tiempo alejadas, a veces juego a recrear y ella, como sin querer, se une a la fiesta. Gracias a esta foto, hemos vuelto a recuperarnos. Y es que al verla, le ha dado por pensar en el tipo de personas que serán esas que dejan un anuncio por palabras junto a su número de teléfono, en plena calle. "A lo mejor no es su número", le digo. "A lo mejor dan el de su suegro, o el de su prima favorita". Bromistas hay a porrillo. Pero mi amiga dice que no, que no hay más que leer, para saber que los que escriben esos anuncios son gente formada y con sueños por cumplir: dar clases particulares, vender peluches para pagarse los estudios o alquilar por horas a un marido manitas (con sus múltiples interpretaciones). "La gente que pega anuncios en las farolas merece un respeto", me repite. "Porque saben los que es bregar contra el viento y el celofán". Pero, ¿y los que rasgan el papelito? ¿Qué clase de personajes son? Ella disculpa a los que llaman, calificándolos de entes responsables a los que le gusta la sensación de ayudar, del deber cumplido. Pero, ¿y los que no lo hacen? ¿qué castigo merecemos aquellos que arrancamos el número y lo guardamos en el bolsillo hecho un gurruño sin la intención siquiera, de reciclarlo?

sábado, 22 de enero de 2022

En pie

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Caer y levantarse. Caer. Y levantarse. Ese es el secreto. Mantenerse en pie el mayor tiempo posible. Conservar la fragilidad del mármol, que puede quebrarse en cualquier momento al ser esculpido. Mirar al frente, hacia arriba. Caminar, caminar, caminar. Alcanzar pequeñas metas. Crear, si es posible, y mostrarte al mundo y a la mirada limpia que aún conserva. Contemplar, acariciar  la belleza de lo inerte y sin embargo, ser vivo. Ser útil. Ser algo más que una estatua. Más que un intento. Más que un proyecto.

sábado, 8 de enero de 2022

Bazares

Fotografía: efialtes_fernando gonzález


Enero es el mes de la abundancia. El mes de las sobras, de los juguetes, del sobreesfuerzo, de los bazares. El momento en el que empezamos a acumular objetos, pensamientos, estados de ánimo, libros, canciones. El mes con el que estrenamos un nuevo año, lleno de luz y de inquietantes propósitos: comprarnos un patinete, adoptar un conejo, dejar de comer donuts. O algo parecido. Enero alberga grandes esperanzas, y quiénes somos nosotros para decirle que no. Lo mejor es sentarse en un banco helado y contemplar cómo pasa, cómo nos arrolla con su cuesta, cómo nos conduce a la vejez. Enero es el mes de Acuario y Capricornio o, lo que es lo mismo, del optimismo y la terquedad, que, en caso de aliarse, pueden llegar a lograrlo todo. Enero es frío y de un color tan blanco, que parece azul. Es la esperanza, el porvenir, es la paz y es el futuro. Empieza 2022. Año par. Y empieza siendo enero. Amén