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miércoles, 8 de junio de 2022

Echarse flores

Fotografía: efialtes_fernando gonzález


Todos hemos nacido con ese don. Deshojamos la margarita y casi siempre nos sale un me quiero, aunque no me quieran. Somos unos putos egocéntricos, esa es la verdad. Y nos encanta que nos hagan casito, que nos echen flores, que se vuelquen con nosotros. No hay más que ver nuestros muros de Facebook, nuestros perfiles de Instagram, nuestros ridículos bailes en Tik Tok. Suspiramos por un puñado de likes, por un comentario nuevo en nuestro blog. Queremos que nos quieran más que llegar a fin de mes. Deseamos la alabanza, el aplauso, una alfombra roja que pisotear con nuestros taconazos de purpurina. Damos pena. Y nos gusta darla si eso nos aporta otro Me gusta. Qué le vamos a hacer, si no tenemos abuela o la que tenemos, solo sabe repartir hostias. ¡Ah, que tiempos lo de antes! Qué anónimos éramos, qué infelices. Menos mal que las redes sociales han llegado para sacarnos del fango, para hacernos brillar. Ahora al fin somos aquello que siempre quisimos ser. El centro de atención o, lo que es lo mismo, esa abultada piñata que se abre para hacer felices a quienes además de festejarla, la golpean con el palo.

 

lunes, 21 de septiembre de 2015

Hombres muertos que caminan (18)

_el ego
En fin, que ni siquiera puedo morirme en paz.

Vale, está muerta, pero no por eso voy a decir que era mejor de lo que era. Es más, yo no la tragaba. Era una gorda terca, intransigente, borde y frustrada que lo disimulaba todo con una sonrisa. Y a mí no me daba la gana. Creía que sus ideas eran sentencias firmes por la simplona razón de atreverse a exponerlas.
Y la vida no funciona así.
Hay que tener más cintura, aceptar el punto de vista de los demás, no ir de salvapatrias, ni de a su servicio 24 horas para caer bien.
Cuando me hinchó las narices se lo dije, que no la tragaba, que no me parecía una presencia necesaria, que carecía de sustancia y que nunca seríamos amigas.
Ni se inmutó.
Creo que fingía, que era una queda-bien sin más, porque ni siquiera quiso hablarlo o arreglarlo. Era orgullosa y muy rencorosa, su grupo lo sabía y la temían. Decirle algo que le molestase, a la lideresa. No, no. Imposible ofenderla. Pero muchos lo pensaban, creo que casi todos. Aunque sabían que si lo hacían, les pasaría lo que a mí. Los sacaría de su vida. Ya ves tú qué cosa. Si la que estaba fuera de la vida era ella, no hay más que ver cómo acabó. La que iba de dura, al final, la más cobarde. Incapaz de afrontar el mínimo ataque, ni un contratiempo, de las típicas que son felices sólo si el viento les sopla a favor. Penoso.
Era una más, así que no nos volvamos locos ni falseemos la realidad.
Esto no es fácil para nadie. Y nos aguantamos.