| Fotografía: efialtes_fernando gonzález Todos hemos nacido con ese don. Deshojamos la margarita y casi siempre nos sale un me quiero, aunque no me quieran. Somos unos putos egocéntricos, esa es la verdad. Y nos encanta que nos hagan casito, que nos echen flores, que se vuelquen con nosotros. No hay más que ver nuestros muros de Facebook, nuestros perfiles de Instagram, nuestros ridículos bailes en Tik Tok. Suspiramos por un puñado de likes, por un comentario nuevo en nuestro blog. Queremos que nos quieran más que llegar a fin de mes. Deseamos la alabanza, el aplauso, una alfombra roja que pisotear con nuestros taconazos de purpurina. Damos pena. Y nos gusta darla si eso nos aporta otro Me gusta. Qué le vamos a hacer, si no tenemos abuela o la que tenemos, solo sabe repartir hostias. ¡Ah, que tiempos lo de antes! Qué anónimos éramos, qué infelices. Menos mal que las redes sociales han llegado para sacarnos del fango, para hacernos brillar. Ahora al fin somos aquello que siempre quisimos ser. El centro de atención o, lo que es lo mismo, esa abultada piñata que se abre para hacer felices a quienes además de festejarla, la golpean con el palo. |
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miércoles, 8 de junio de 2022
Echarse flores
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lunes, 21 de septiembre de 2015
Hombres muertos que caminan (18)
_el
ego
En fin, que ni siquiera
puedo morirme en paz.
Vale, está muerta, pero no por eso voy
a decir que era mejor de lo que era. Es más, yo no la tragaba. Era
una gorda terca, intransigente, borde y frustrada que lo disimulaba
todo con una sonrisa. Y a mí no me daba la gana. Creía que sus
ideas eran sentencias firmes por la simplona razón de atreverse a
exponerlas.
Y la vida no funciona así.
Hay que tener más cintura, aceptar el
punto de vista de los demás, no ir de salvapatrias, ni de a
su servicio 24 horas para
caer bien.
Cuando me hinchó las narices se lo
dije, que no la tragaba, que no me parecía una presencia necesaria,
que carecía de sustancia y que nunca seríamos amigas.
Ni se inmutó.
Creo que fingía, que era una queda-bien
sin más, porque ni siquiera quiso hablarlo o arreglarlo. Era
orgullosa y muy rencorosa, su grupo lo sabía y la temían. Decirle
algo que le molestase, a la lideresa. No, no. Imposible ofenderla.
Pero muchos lo pensaban, creo que casi todos. Aunque sabían que si
lo hacían, les pasaría lo que a mí. Los sacaría de su vida. Ya
ves tú qué cosa. Si la que estaba fuera de la vida era ella, no hay
más que ver cómo acabó. La que iba de dura, al final, la más
cobarde. Incapaz de afrontar el mínimo ataque, ni un contratiempo,
de las típicas que son felices sólo si el viento les sopla a favor.
Penoso.
Era una más, así que no nos volvamos
locos ni falseemos la realidad.
Esto no es fácil para nadie. Y nos
aguantamos.
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