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domingo, 22 de mayo de 2022

La limosna


Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Abrir el paraguas es altamente recomendable cuando ves que va a caer un chaparrón. En mi pueblo, por ejemplo, todavía vive el cura que, a la entrada de la iglesia, puso un corcho con un listado de vecinos y lo que cada uno de ellos había aportado en donativos ese año. En números rojos, a un lado, subrayaba la deuda que tenía la parroquia en aquellos momentos, que era algo así como un millón ochocientas mil pesetas, o lo que es lo mismo, lo que le había costado su Citroën Xantia nuevo. Mi familia y yo, que no aportábamos un duro, cuando íbamos a algún entierro, mirábamos para aquel corcho y abríamos el paraguas de la indiferencia. Gracias a ello sobrevivimos al escarnio público. Ese paraguas eliminó el rubor de nuestras caras e impidió que pusiésemos la otra mejilla, o directamente, el culo. Cada vez que desde el púlpito ese mismo cura gritaba "con la fe no basta, hay que dar", más nos agarrábamos la cartera cuando pasaban el cepillo. Y os juro que no era tacañería. Era amor propio.

jueves, 8 de octubre de 2020

De bares X

"Llueve afuera. A mi espalda suena la tragaperras. Hay una farola apagada en medio del bar. Me duele la garganta. Es otoño. La gente entra y sale arrastrando sus maletas. Un par de adolescentes sonríe a unos metros. Una pareja, se mira, me mira, se levanta y se va. El camarero recoge las mesas y les pasa una bayeta con suavidad. La barra está vacía. Tengo sueño y pocas ganas de ir a trabajar. Quiero tiempo libre. Quiero dinero. Y hacer lo que me dé la gana. Pido un agua y me tomo un paracetamol. Empieza el telediario, pero yo escucho Just for now, de Imogen Heap. Sirven dos cafés con orujo. La cocinera sale y se despereza. Hay un paraguas transparente y rosa apoyado sobre una silla. Miro hacia afuera. Ya no me duele. Brilla el sol."