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martes, 8 de febrero de 2022

Llamadas

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Aún no lo sabéis, pero resulta que tengo una amiga imaginaria. Nos conocemos desde pequeñas, y , aunque hemos estado un tiempo alejadas, a veces juego a recrear y ella, como sin querer, se une a la fiesta. Gracias a esta foto, hemos vuelto a recuperarnos. Y es que al verla, le ha dado por pensar en el tipo de personas que serán esas que dejan un anuncio por palabras junto a su número de teléfono, en plena calle. "A lo mejor no es su número", le digo. "A lo mejor dan el de su suegro, o el de su prima favorita". Bromistas hay a porrillo. Pero mi amiga dice que no, que no hay más que leer, para saber que los que escriben esos anuncios son gente formada y con sueños por cumplir: dar clases particulares, vender peluches para pagarse los estudios o alquilar por horas a un marido manitas (con sus múltiples interpretaciones). "La gente que pega anuncios en las farolas merece un respeto", me repite. "Porque saben los que es bregar contra el viento y el celofán". Pero, ¿y los que rasgan el papelito? ¿Qué clase de personajes son? Ella disculpa a los que llaman, calificándolos de entes responsables a los que le gusta la sensación de ayudar, del deber cumplido. Pero, ¿y los que no lo hacen? ¿qué castigo merecemos aquellos que arrancamos el número y lo guardamos en el bolsillo hecho un gurruño sin la intención siquiera, de reciclarlo?

domingo, 8 de agosto de 2021

El mejor verano

Durante el mejor verano de mi vida no hará demasiado calor, ni lloverá. Desayunaré té matcha con jengibre, regaliz, manzana y naranja. Las horas no pasarán demasiado lentas ni demasiado rápidas. No morirá nadie a quien conozca. Llegará tras una primavera llena de secaderos de congrio, de margaritas en los jardines, de silencio. Habrá lecturas y habrá sexo, con placer y protección. Sonará una música suave, quizá Meiuqèr, hará algo de brisa, rozaré con mis piernas el mar. Será el verano de las carcajadas y el llanto, del brillo en los ojos. Conduciré hacia la montaña, cuesta arriba. Comeré sardinas, metidas en medio del pan. Me pintaré las uñas del color de una grosella, saludaré a los desconocidos, temblaré. Durante el mejor verano de mi vida no existirá Dios. Me rodearé de árboles y de helados de fresa. Descansaré sobre  una hamaca. Untaré tostadas con crema de cacahuete. Haré pulseras y collares con conchas marinas. Jugaré con perros y estornudaré con fuerza y alegría. No habrá prisas, el sol se pondrá como siempre, por el oeste y observarlo será un espectáculo efímero y bello. Durante el mejor verano cenaré porque hay luna y bajo ella, me acordaré de todos los momentos en que fui feliz y valió la pena. Recitaré poesía, por primera vez. Y no será un acto cursi ni banal. Será como apoyar los pies en la tierra húmeda y echarse a caminar como una niña, un pie delante de otro. Así, sin más, hacia donde las palabras me lleven.