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domingo, 22 de junio de 2025

Cómo ignorar un genocidio.

   

   dentro dun soño soñei
   que estabamos no lugar do crime   

   e que non faciamos nada

               Molotov

(Manuel M. Romón

Alberto Avendaño)


Me gustaría aferrarme a lo que hace años dijo Ray Loriga en una entrevista -"sé un poco de mí y casi nada del mundo"-, para comentar algo sobre ese tema que desconozco, -el conflicto entre Israel y Palestina-y del que, por desgracia, todos los telediarios hablan. Leo una y otra vez sobre ello y no consigo quedarme con ningún dato. Es tal la cantidad de fechas, de referencias bíblicas, de hechos históricos que parecen darle la razón a ambos bandos, que sólo atisbo a quedarme con la situación determinante de dos pueblos que están verdaderamente atrapados en una turbia espiral. Dos pueblos cuyo objetivo parece ser claro: obtener un territorio en el que vivir en paz y sin injerencias. Parece fácil. Determinar qué lugar corresponde a quién y partirlo como una tarta de queso con arándanos. Gran Bretaña lo intentó tras la Segunda Guerra Mundial para reparar el brutal sentimiento antisemita y el exterminio del pueblo judío. Pero lo hizo a costa de la negativa del pueblo palestino, echando gasolina al fuego de un conflicto que late y se desangra, aún hoy. Yo ya no sé quién tiene la razón a estas alturas y no me importa. Yo sólo quiero que esto pare. Pero veo a mi vecino rebuscando en la basura y durmiendo en la calle y no soy capaz de ayudarlo, así que cómo vamos a poder frenar algo tan grande, tan horroroso, tan infanticida. No basta con hablar todos los días de ello, no basta con mostrar imágenes horribles de miles de personas muertas y mutiladas porque sí, no basta con decir que unos y otros son mala gente que camina, que unos bombardean primero, y otros después. No basta con eso, puto siglo XXI. En el que tantas esperanzas habíamos puesto, creyéndonos los más inteligentes, los más pacifistas. Y míranos ahora, con todos los frentes abiertos y al borde de la Tercera Guerra Mundial. ¿Somos acaso, tan insignificantes? ¿Es que no importa en absoluto el deseo de paz de millones de personas votantes?¿De verdad ningún puto organismo internacional puede hacer nada efectivo? ¿Seguiremos pagando sus desayunos en convenciones que no sirven para arreglar absolutamente nada? ¿Seguiremos anestesiados ante nuestras pantallas, creyendo que son ellos quienes tiene el poder y no nosotros quienes se lo otorgamos? Yo me veo incapaz de comprender el origen de todo esto. Y es que no sé nada, salvo una cosa. Que lo que está ocurriendo en Gaza es una  MASACRE a la que no estamos llegando. Siento vergüenza y una profunda pena ante una situación que desborda al mundo y que sin embargo, no nos impide dormir a pierna suelta. Quiero pensar que algo bueno se puede hacer, que no hay problema sin solución y que sólo necesitamos unos gobernantes con un ápice de humanidad y tesón. Personas que dirijan el mundo con cordura, y con corazón. Necesitamos más libros, más conocimiento, más bondad, más sabios y menos soldados, menos bombas, menos tanques y menos muerte. Pido que alguien los ayude, que entre todos, hagamos algo de lo que por fin sentirnos verdaderamente orgullosos como seres humanos. Quiero dejar de ignorar un genocidio mientras me hago unas lentejas con chorizo. Quiero, al igual que millones de personas, la paz. ¿Es acaso, algo imposible? No me jodas, vida. NO me jodas si todo lo que puedo esperar de ti y de tu puto Dios, es esto.

lunes, 16 de diciembre de 2024

Me acuerdo (50)

Me acuerdo del olor a pan y a leña quemada.

Me acuerdo que salí en los periódicos y televisiones nacionales cuando fui a Madrid, a manifestarme contra la L.O.U.

Me acuerdo de la primera y única entrevista que me hicieron en televisión, por haber ganado un concurso literario.

Me acuerdo del concierto de Jorge Schellemberg, que vi en un local de Montevideo.

Me acuerdo de lo sensibles que se vuelven la lengua y los labios cuando comes muchas pipas con sal.

Me acuerdo de haberme reconciliado con la vida.

Me acuerdo del miedo que se siente, cuando estás a la espera de un diagnóstico médico grave.

Me acuerdo de trabajar en el campo echando patatas, durante la vendimia, la siega y la matanza y sentir como esos trabajos, al hacerlos en grupo, me unían a mi familia..

lunes, 9 de diciembre de 2024

Me acuerdo (49)

Me acuerdo de quien me hizo sentir mal innecesariamente.

Me acuerdo de la frase de Bukowski: "encuentra lo que amas y deja que te mate".

Me acuerdo del perro de mis abuelos, cruce de Schnauzer gigante y llamado Klaus, al que mi abuelo solía llamar Landruf.

Me acuerdo de los protagonistas de los cuentos de los libros de texto de lengua, que eran Borja y su amigo Pancete (un oso de peluche).

Me acuerdo de haber visto muchas telenovelas.

Me acuerdo de haber leído muchos libros, pensando que son muy pocos comparado con todo lo que me queda por leer.

Me acuerdo de no saber ubicar las Islas Canarias en el mapa, al pensar que tendrían que estar mucho más cerca de la Península de lo que en realidad están.

Me acuerdo de mi dibujo favorito de Juanjo Sáez, que se llama 'La vida' y que es un hombre que va en una barca hacia unas cataratas y dice "ahora que me lo estaba pasando bien".


viernes, 8 de septiembre de 2023

Alecrín


Foto: Elena Dean @bicodepulga

La vida no es un camino de rosas. Te lo dicen y te lo repiten mil veces y tú que sí, que si es maravillosa, que si es un regalo, que si tal y que si cual. Te lo crees mientras eres joven, hasta que empiezan a llover las primeras hostias. Incluso esa que no veías venir. Qué puta mierda. La venda se cae de los ojos y ahora toca caminar descalza por el desierto, por supuesto, sin cantimplora. Ya lloverá, te consuelas, aferrándote a un último atisbo de esperanza. Eres idiota y optimista, qué se le va a hacer. Pero las cosas se tuercen y con ellas tu percepción de las mismas. A partir de una edad todo es un drama, un foso oscuro, una red flag. Jugueteas con la idea de la muerte, con abandonar, total, todo esto para qué. Pero te puede la curiosidad, el déjalo para mañana, ya lo harás. Y llega el momento alecrín, que es el presente, cuando miras alrededor y ves todo campo. Un campo de tojos. Y en él, brotando, sus florecillas. En medio de tanta espina. Brotando para aportar belleza y alegría, para que las observes y las disfrutes. Brotando para recordarnos que no todo lastima. Que son suaves y pequeñas, como ese acontecimiento que a veces llega inesperadamente y nos susurra que continuemos, que hay muchos más, que los busquemos entre aquello que nos daña y nos perjudica. Así que, hoy, apostemos todo al amarillo, a la vida, al alecrín. Claro que sí.

miércoles, 22 de febrero de 2023

Ruinas

Foto: Elena Dean @bicodepulga

Hay un poso de tristeza en cada ruina. En aquello que es dejado, que es abandonado, que a nadie le interesa. Pero también hay una enorme posibilidad. Una vida futurible. Una esperanza de reconstrucción. Solo hay que caer en las manos adecuadas. Aquellas que creen en la restauración, en la mínima intervención, en la conservación de las estructuras originales, cuando estas son sólidas. Un poco de pintura aquí, una plaqueta antideslizante allá, una amiga, un hermano, una psiquiatra. Solo hay que saber dejarse ayudar. Tampoco tiene por qué  salir muy caro, no tiene por qué convertirse una en una mansión de lujo de la noche a la mañana. No es necesario ser castillo, pudiendo ser casita de madera. Mantener abierta la puerta y poner buena cara a las visitas. Decorarse un poco, poner unas cortinas, unos pendientes largos, un tejado con Velux. Dejar entrar de nuevo la luz, colgar un cuadro que te remueva por dentro, colocar un felpudo que diga: "tienes que gustarle al gato". La ruina no es más que experiencia, vida vivida, el desgaste que, pese a todo, da siempre paso a la reedificación. A una nueva oportunidad que hay que aprovechar. Para reconstruirse.


viernes, 8 de octubre de 2021

La crueldad

La vida es puta y cruel. Mientras se inauguran centros comerciales cada vez más grandes, sigue muriendo gente. Una amiga, un familiar, o el padre de tu camarada, quien te regaló hace años tu taza favorita de los Fraggle Rock. Dice Ray Loriga en uno de sus libros que dos días distintos te convierten en dos personas diferentes. Creo que, después de una muerte, esa diferencia se acrecienta. Perder a alguien no siempre ayuda. Pero a veces ocurre. A mí, me ocurre. Me ayuda a valorar un poco más todo esto que me rodea, a clasificar prioridades, a sentir las cosas con mayor intensidad, a querer aprovechar el tiempo que me queda, a saborear cada galleta que me ponen gratis con el café. Aprendemos tarde, a veces nunca, a disfrutar de verdad. Pero quien más quien menos espabila cuando la gente a la que aprecia y sobre todo a la que quiere, muere. Y comprende que esto es finito, que se agota. Que ayer estabas y hoy ya no estás. Dijo Mario Benedetti que "Después de todo, la muerte es solo un síntoma de que hubo vida". Resistamos, pues, de la mejor manera posible. A pesar de lo trágico. A favor de lo bueno. Y vivamos.



viernes, 8 de enero de 2021

Frío húmedo

 

El año que más frío pasé en mi vida llovió tanto, que se llenaron de moho mis sandalias favoritas. Las tenía guardadas dentro de una caja, así que no me enteré hasta que llegó el verano y quise ponérmelas. Joder, qué espectáculo. El asunto pintaba bastante dramático, pero al final no fue para tanto. Les pasé una bayeta y quedaron como nuevas. En la vida, a veces, ocurre lo mismo. Y este invierno, más. Todo parece húmedo y frío, así que tienes que ponerte la bufanda y los guantes y tomarte un té calentito. Encender la calefacción, si puedes pagártela. Y sobre todo,  acercarte a quien quieres y te quiere, aunque sea a dos metros de distancia. Para que ese calorcito derrote al moho. Y así puedas recuperar tu sandalia.

domingo, 25 de marzo de 2018

#FreeOpenArms

"Si salvar vidas es un crimen, yo soy una criminal porque apoyo a Proactiva Open Arms.
Sé cómplice tú también."

Vídeo: #FreeOpenArms


jueves, 1 de febrero de 2018

Un hospital inteligente ;)

A mi madre, que NO SE RINDE.
A mi hermano, por su trabajo. Y por cuidar de ella.

A todos los que me conocen, 
para que se vengan conmigo de manifa :). A Carmen.

     Soy orensana y, para más INRI, de barrio. Así que cuando hace algunos años me dijeron que se iba a construir un hospital inteligente en la ciudad, me dio un vuelco el corazón. Es que, además, soy de letras. Y claro, me mueven las emociones. Joder, qué alegría, pensé. A ver si por fin salimos del hoyo y, ya de paso, del baltarismo. Pero nada, oye, otro palastrazo que me he llevado esta semana, sin comerlo ni beberlo.  

Asco-de-vida :(.
  
     A ver.
     Es que se rumorea... pero se rumorea de verdad, que lo de los recortes en la Sanidad Pública, ES UN HECHO. Y aún peor -tú difama, que algo queda- que LO VA A SEGUIR SIENDO.
     Pues vaya mierda, pienso ahora. Y es que claro, el tiempo, -ay el tiempo-, lo va poniendo todo, y a todos, en su sitio, incluido el nuevo parking que han habilitado para uso y disfrute de trabajadores, pacientes y familiares, en el que te calcan una pasta por la hora. Eso sí que es inteligencia y no lo de antes, cuando éramos completamente gilipollas y podíamos aparcar en cualquier sitio, -porque había sitio- y gratis, como salvajes.

     Vale, vale. Que se me ve el plumero, sí. Que se me nota, joder, que se me nota y que solo estoy parcialmente de acuerdo con lo que ha dicho Jordi Évole el otro día, con lo que él es, para este país, cada día más de color verde Esperanza. Ah, no. Que eso es azul. Bueno, que ya sabéis a qué me refiero, a lo de que estamos anestesiados. Que no Jordi, que no, que te equivocas coño, que NO. Que ya no hay pasta para anestesias joder, que nos operamos demasiado, que a ver si te coscas del asunto y le dedicas un Salvados, que te lo tenemos que explicar todo desde el otro extremo o, mejor dicho, desde la distancia (que aquí en Galicia, somos muy de centro). No, Jordi, no, que no te enteras. Que estamos indignados, aunque no se note. Ah -la indignación-, esa mágica palabra que está re-poniendo de moda el ex-juez Baltasar Garzón con su nuevo libro de magnífica portada y que por supuesto voy a leer, -se ponga como se ponga Federico Jiménez Losantos-, a quien también escucho para equilibrar la balanza, echarme unas risas y aprender, de paso, algo de geografía.


    Y es que, en este bebedero de patos, todo el mundo tiene algo que decir. Faltaría más. Yo, así, a nivel particular, digo, por ejemplo, que estoy HASTA LOS COJONES. Y empleo esa expresión, sí, tan denostada en este comienzo de siglo, pero a la vez tan efectiva, porque te asegura que el mensaje llegará a tOdO el mundo.

     Estoy indignada y no anestesiada. Y te aseguro que esta indignación se volverá activa para que se active, aunque solo sea por mímesis, la del pequeño círculo que me rodea, que quizá no se mueve por un principal y único motivo, que los gallegos solemos llamar medo y también, por qué no admitirlo, algo de modorra. Dos palabras que no sé pronunciar en catalán, para mi desgracia, ya que parece que es el único idioma en el que se imprimen las noticias de este país en los últimos trescientos millones de años. Dímelas tú, anda, -aunque sea en la intimidad-, que eres un profesional exitoso. A ver si alguien les hace puto caso.

     Estoy, como ves, activamente indignada -y eso que solo he comprado el libro-, por la parte que me toca, o mejor dicho, por la que me ha tocado. Y es que mi madre, la típica Asunción de toda la vida, ha sobrevivido y sobrevive -de momento-, a una leucemia mieloblástica aguda, gracias a la SANIDAD PÚBLICA y a los cuidados que recibió por parte de su familia (dos hombres y dos mujeres, en ese orden) y del personal de la antigua residencia, tal vez un  poco más anormal y retrasada que el nuevo hospital, pero donde la diagnosticaron y trataron (mujeres y hombres, por ese orden), en general, muy bien. Y encima, gratis. Qué escándalo.

     Estoy indignada, te repito, y me activaré aún más, porque sé que cada recorte en nuestro Sistema Nacional de Salud es una incitación al odio y a la violencia, aunque nadie lleve a nadie a los juzgados. Y porque cuando esos recortes afectan a tu propia VIDA, a la de alguien a quien conoces o a quien quieres con toda tu alma, tu corazón, o tu cerebro, te entran unas ganas locas de salir a la calle y provocar, a modo de excentricidad primermundista, un pifostio africano, esa matata mingui que en lingala significa, escribió Pérez-Reverte (a quien he leído, leo y seguiré leyendo), jaleo del carajo. Pero tranquilitos, que no queremos volver al 36.


     No estoy ni estaré en contra de la construcción de nuevos hospitales siempre y cuando, claro, estos sirvan para algo más que para construirlos y si se puede, sacar tajada por ello. Presuntamente. Que el hospital no es lo importante, oigan. Que si se cae un azulejo, se puede recolocar sin tener que remodelar el baño entero a costa de los fondos públicos. Que para eso se les paga a los de mantenimiento, digo yo. Y porque lo esencial no es el continente, sino el contenido. Que no estamos en un concurso de belleza. Y da un poco igual si la cristalera es o no el último grito. Porque es que cuando alguien a quien quieres está a punto de morir, no vas y te fijas en si las paredes tienen gotelé. De verdad que no lo haces, aunque seas arquitecta. O pintora. Te fijas en otras chorradas, como en si por ejemplo la estarán TRATANDO BIEN, en el amplio sentido de la expresión. Y cuando esto no ocurre, -que a veces pasa-, primero te cabreas y luego te preguntas si a su vez, ese personal que nos atiende, nos cura las heridas, contribuye a la mejora de nuestra salud y en ocasiones nos salva momentáneamente de la muerte, estará siendo, a su vez, respetado.
     La medicina es importante, claro que sí. Es lo más importante. Pero el buen trato, también influye. Y el hecho de que a veces no lo sea, también  puede responder, -en parte-, a la situación cada vez más precaria que afecta a todo aquel que trabaja en un centro sanitario, incluido el chico que vende cupones de la ONCE en la entrada, y que venderá más, -imagino-, si todos -pacientes, familiares y personal-, están contentos y pueden afrontar ese gasto a mayores. Vuelvo a decir yo. Aunque esta sea una opinión tan opinable como todas.

     Que se construya un hospital nuevo y a la vez se cierren plantas enteras en verano, que es, oh casualidad, cuando médicos, enfermeros, auxiliares, celadores, cocineros, limpiadores y personal de mantenimiento suelen irse de vacaciones y cuando, -según creen los responsables de esas decisiones-, los pacientes dejan de enfermar y morir, son cosas que no se entienden. Ni que si te da un infarto, solo pueda darte de mañana, porque en ese nuevo hospital, más inteligente que tú y que yo y que todos los putos o(u)rensanos juntos, no hay equipo de tarde ni de noche que te pueda hacer un cateterismo, o lo que sea que te tengan que hacer en estos casos en los que sientes que te mueres y te mueres y como consecuencia, prefieres que no te desplacen a otra ciudad, a una hora como mínimo, y te atiendan en la tuya, a la que le tienes más cariño y además, está más cerca. Porque no se contrata personal cualificado, que lo hay, lo hay. Ni siquiera se les enchufa, con lo que hemos sido. Y que pase exactamente lo mismo con las urgencias quirúrgicas pediátricas. Porque defender los derechos de los niños sí, pero oye, tampoco nos pasemos. Que el planeta está superpoblado.

     Y ya que estamos, voy a ampliar mi exposición comentando que tampoco he llegado a captar -y mira que le dedico horas- esta nueva manía que les ha entrado a todos con dejar un solo carril de acceso a cualquier centro de salud (pongamos por caso, Povisa, en Vigo) Porque piensas: joder, si se lía una gorda, ¿cómo van a pasar las ambulancias si la única vía de entrada está taponada por un par de coches, porque hay un accidente o, digamos, una señora en silla de ruedas a la que le cuesta un mundo bajarse? Por ejemplo. Y es que claro, ya sabemos que aquí nunca pasa nada. Hasta que te estalla en la cara un Madrid, o un Barcelona, o un Angrois y hace picadillo tu estrategia de humanización y de aceras sin sentido de ocho metros (petadas de mobiliario urbano), en el entorno hospitalario. Pero nada. Ustedes a lo suyo, que aún no sabemos qué es exactamente lo que es, -salvo simultanear cargos aunque no la hinquen y cobrar un pastizal por ello-, que los ambulancieros ya se las apañarán para pasar. Que pongan la sirena a toda mecha, qué hostias. Y los que vayan dentro, que se busquen la vida, que para eso han nacido. Porque lo del aborto (LIBERTAD DE DECISIÓN), ya es otra guerra, gallardoniana. Y tranquilos, que también la vamos a pelear :).

     LA SANIDAD PÚBLICA NO ES UN NEGOCIO. Bueno, vale, no voy a ir de ingenua por la vida. Pido perdón, hinco la rodilla en el terruño y rectifico: la Sanidad Pública no debería ser sólo un negocio. Y esto es algo que casi todos comprenderemos cuando tengamos que pasar, repito -por cojones-, por sus innovadoras instalaciones y por las manos de unos trabajadores cada día más subcontratados, puteados y hartos. Porque a la mayoría -jeques árabes aparte-, nos va a ocurrir. Ingresaremos a un padre, a una hija o a un Espíritu Santo, que es lo que algunos se creen que son hasta que el dramático final llama a su puerta, como a la de todos. Que esto es algo de lo que no te libras. Y perdonen que me haga publicidad, que ando un poco baja de lectores y de defensas, aunque ni se me ocurre ir a Urgencias, no vaya a ser que las colapse. Yo soy como las de antes. Prefiero morir en casa, tranquilamente y, si puede ser, por eutanásica decisión propia. Otro frente abierto. Por poner nuevos viejos temas, de actualidad.

     Y sí, ya sé que todo es dinero (y fútbol y religión y política y sexo). Que ya lo sé, joder. Pero hasta en uno de mis lemas más trillados -salud y dinero, que el resto se compra-, la salud, va por delante. Lo es todo. Ni dinero, ni amor, ni familia, ni amigos, ni libros, ni perros, ni Iker Casillas, ni Cristo Bendito bajado de su cruz. La SALUD se lo lleva todo por delante. Y por ese motivo, hay que salir en su defensa. Y tallar ese derecho en un bloque de granito de Porriño, no en la barra de hielo que ustedes nos quieren endosar.

     Y es que tampoco pedimos tanto, me parece. No les estamos pidiendo la luna, ni la muerte de la muerte. Solo que hagan su trabajo, que por algún motivo, está mejor remunerado que el de una encuadernadora o el de un minero, por hablar de paridad a ras de suelo. Y pedimos que lo hagan bien. Que lo hagan mejor. O para qué si no sirven las cuatro carreras y los dieciocho másters que se han sacado. Que sí, que vale, que sí, que también sabemos que lo suyo es muy difícil y que la vida es dura, pero es el camino que han elegido, oigan, así que no nos subtitulen la película y gestionen. O haberse dedicado a la literatura, que goza de una alta rentabilidad y cotiza en Bolsa más que nadie.
     No te jode.

     Y si cometen un error, -o varios-, pues tampoco pasa nada, aunque a veces pase. A todos nos ocurre. No hace falta ni que dimitan. Rectifiquen. Y resuélvanlo. También pueden pedir perdón, si la cosa es grave. No sé, hasta el rey de España lo hizo, y no se abrieron los mares. No parece un imposible, como ser Rafa Nadal o Susana Rodríguez. Yo es que valoro los pequeños gestos, qué quieren que les diga. Aunque te hayas cargado algún elefante. Al fin y al cabo eres el rey de un puto país. Que no gobernarás, vale. Pero reinas. Lo cual es más mejor. Y estás pidiendo disculpas. Pues oye, ALGO ES ALGO.
     Peor que lo suyo, que lo mío, que lo de Sus Majestades y que lo de todos, serán la enfermedad y la muerte, que es a lo que se enfrentan los pacientes a diario. O el hambre en el mundo, o la ablación, ya que estamos. Y ahora llámenme populista, que me pone. Y que no va a impedir que reivindique el derecho a protestar y a manifestarme, en mi casa y en la calle. Y no me abran el cajón de frases míticas de Fraga, -grabadas a fuego en mi memoria- (As leis non se fan nas rúas), si no quieren que yo les abra el de Labordeta, -grabado en el Congreso- (Pero no puede uno hablar aquí o qué... ¡A la mierda, joder!), quien, -por cierto-, me caía bastante mejor, a pesar del bigote. Es que soy jotera, como Carmen París ;).

     Y es que si ustedes pretenden desgraciar la vida de la mayoría de los ciudadanos y no procurar su bien -que es el supuesto motivo por el que todos se meten en política, además de para arruinarse-, pues que no les entre el pánico si nos pillamos un berrinche y nos concentramos en las aceras, que no serán  nuestras pero tampoco suyas y que son maravillosos lugares para jugar y patalear, porque visibilizan los problemas reales de la gente y añaden espectadores a su causa. Por si no se habían dado cuenta.

     Es que no nos dejan otra salida. Les explico :).

     Si yo fuera, por poner un ejemplo, Fátima Báñez, invocaría a la Virgen del Rocío y ya, pero como no lo soy -ni creyente, ni andaluza- tendré que cargar con esa doble tragedia, y añadirle una nueva, que es el interés que todos ustedes parecen tener en ir privatizando, des-pa-ci-to pero a pasos agigantados, la sanidad pública española. Y no es que tenga yo nada en contra de nadie, especialmente si proviene de L(o)s Peares, que eso duele más que nacer en Lugo-Lugo o en Teruel, por mucho que puedas fardar de embalse. Salvo, claro está, que pretenda arruinarme la existencia. No, Alberto, así no. Ni aunque fuera usted de mi barrio. Ni aunque fuera de mi familia. Ni aunque fuera usted mi puto hermano y lo quisiera. Escribiría esto y se lo restregaría por la cara para que se diese cuenta de su error y rectificase. Pero no nos pongamos violentos, aunque sea para tanto. Que no se nos olvida que nos hemos manifestado por un NO A LA GUERRA. Que sabemos que tiene usted su corazoncito. Y que a veces, lo muestra. Que ha perdido a un padre, que ha tenido un hijo, probablemente todo ello en la privada, cuestión que desconozco y sobre la que no me voy a informar, porque intento respetar lo que cada uno decida hacer con su vida y porque entiendo que se lo puede permitir. No es mi caso. Ni el de millones de personas. Téngalo en cuenta, haga el favor. Y no se ofenda, que no es algo personal. Lo mío es más una crítica general a todo su colectivo, así, en plan aspersor, con la esperanza de que alguna gota alcance a alguien -a quien sea-, que de verdad se moje.

      Por el  momento, me toca protestar. Y recordar durante esa protesta, pequeños detalles que tuvieron lugar en la vieja residencia de mi ciudad y de la suya, como ver entrar a un médico -del que no recuerdo el nombre, aunque me haya quedado con su cara-, en la habitación de la mujer que me parió por cesárea, para decirle: así que usted es Asunción, Asunción Fiuza. ¡La heroína de planta! Recordar la cara de absoluta felicidad de mi madre, asintiendo con la cabeza. Y la mía, al mirarla a ella. Recordar como recordaré siempre a ese hombre, porque se bajó del pedestal del que algunos jamás se apean y porque no se colgó la medalla de Dios Todopoderoso, ni se hizo el héroe. Porque quizá sepa que nadie lo es. Aunque salve una vida. O cientos de ellas. Lo recordaré, no porque se lo dijese a ella, sino porque lo dijo. Se lo dijo a alguien, que necesitaba escucharlo. Y porque gestos como ese, HUMANOS, te alegran la vida y te ayudan a querer vivirla.

     Por todo esto y no porque desconfíe de los políticos -que por supuesto que lo hago-, también voy a salir a la calle. Porque rumores como los que circulan estos días, como mínimo te indignan y como máximo te pueden hacer perder la vida, aunque tú no quieras. Y ya sé que debería hacer caso de los mensajes tranquilizadores que comparte la Xunta de Galicia por Facebook, pero es que soy más de creerme lo que me dice la chusma y el populacho, que trabajan en esto y que empiezan a rebotarse y a decir HASTA AQUÍ.

     VOY A PELEAR POR MIS DERECHOS y porque éstos también lo sean para todas las personas que decidan hacer uso de ellos. Desde la insignificancia de mi posición. Y lo voy a hacer porque no soy gilipollas, como dice Paquita. Porque soy o(u)rensana de colegio público, algo que te marca y a la vez, es marca. Porque soy de barrio y puedo demostrarlo.

      Porque me llamo Susana Pereira Fiuza y soy hija de mi madre :).

      Y porque SOY INTELIGENTE.
                                   


Este domingo (4/2/2018), a las 12.00h,
hay manifa en Santiago de Compostela.

¿Alguien se apunta?



lunes, 29 de junio de 2015

Caramelito


A mi cuñada Merche, que se mantuvo a nuestro lado.

que apostaron por la vida.

     Si no hubiera llegado a esto, si no me hubiera convertido en el excremento humano que soy, tal vez en ese caso pudiese aferrarme a la esperanza, darle paso a una nueva oportunidad. Pero mi casa es húmeda y toda mi ropa huele a moho, una peste que penetra en este alma no publicable, empotrada en un cuerpo que se alimenta de huevos caducados, que camina rápido, pero avanza despacio. La mirada se conserva limpia, como el coche de lujo antiguo al que no le falla el claxon por puro empeño de su dueño, pero todo lo demás es raro, turbio, de vez en cuando mezquino, hipócrita e infiel.  Se puede tomar distancia y continuar, mientras el cuerpo aguante, pero uno sólo es fuerte y cruel cuando es joven, mientras no sufre esas pérdidas que debilitan o destruyen, cuando aún no se ha visto en la obligación de resignarse. Uno es fuerte cuando nace y lo demás es puro miedo, pura angustia, una maldita emoción decadente que te conduce a diario a precipitarte por los peldaños de la escalera, para acabar suicidándote antes de llegar al portal.  
     Me niego a responder a la vida con optimismo y a no poder expresarlo con la indiferencia del que se come unas lonchas de jamón de bellota como si fueran de marca blanca. No cuando en mis sueños tan sólo aparecen personajes de la tele, y qué. El 80% de mis vecinos pone cara a Belén Esteban y culo a Boris Izaguirre. Para el 20% restante no son un ejemplo a seguir, aunque mientan menos que aquellos que lo son. Hay que desdramatizar. Un culo es simplemente eso: un culo, y admitamos esa afirmación como la más imponente de nuestra democracia, desmigajada sin tapujos sobre la mesa de aquel programa diario que todos vimos y que nadie recuerda haber visto, que algunos han preferido colgar en el perchero de los decesos mediáticos, como a un Espinete más.  
     Sin embargo hoy me he levantado con el ánimo sublevado, dispuesta a defender la dignidad de mi nevera y a aclarar que todos mienten, que hasta mi pesimismo crónico se equivoca por momentos. El llanto de las ampollas de mis pies me oprime la sesera, que aún así advierte que este ha de ser el camino correcto, que debo de continuar por ahí. No soy una chivata. Pero los Reyes son los padres y el ratoncito Pérez un pariente que mete dinero bajo la almohada. El cura de mi barrio tiene seis hijos. Nadie a quien conozca conoce a nadie que haya resucitado. Ser mujer no es tan maravilloso. La menstruación huele y duele, a veces casi tanto como un parto. Cuando me aburro me como los mocos, no como otros que se entretienen preocupándose por el retraso en las edades de jubilación, cuando aquí ya nadie se muere de viejo.  

Tal vez mi madre.
      Es la típica tía terca que no quiere dejar este mundo ni a tiros, aunque sepa que ahí arriba también hace falta mano de obra. Si no fuera por eso, mis órganos estarían destinados a pudrirse en una tumba. Pero las leucemias son así, al menos cuando las tratan. Litros de llama líquida circulando por un tubito naranja hacia el cuerpo, una rotura de cañerías en las tripas, los dientes amarillos, la piel vieja soltándose en lascas, el esqueleto que se hincha como un flotador para luego salir a flote, el almohadón lleno de pelos y un grupo de familiares en el pasillo, a los que se les aflojan las rodillas sin que sea por amor. La grosería pura y dura llega con los paseos en círculo durante meses sobre la plaqueta pulida de la sala de espera de un hospital cada día más privatizado y con un sms de tu hermano, apuntalando la peor madrugada de tu vida: "Acaban de llamar de la UCI. Van a intubar a mamá." 
      El que le abre la boca y dice ahí va eso es coordinador de transplantes. Cuando son las 4 de la mañana y todo puede salir peor de lo que ya va, piensas, aunque no creas en casi nada, que ofrecer tu cuerpo fresco a ese hombre será un aliciente para él a unas horas en las que ni toda la cafeína del mundo puede motivarte a nada que no se haga en postura horizontal. Y decides hacerte donante. Después del tubo vendrá una traqueo y seis meses más de ingreso. Aprender a caminar, a comer, a hablar y a llorar, aunque eso es algo que nunca ha olvidado. 
      En lo que dura un programa de radio pienso todo esto y hago mis cosas. Lavarme los dientes y tal, mientras ella mordisquea una pera sin atragantarse. Casi un año después, en casa, con sus treinta kilos menos y el pelo lanudo como el de un Pelocho, sólo piensa en bailar y en hacer el tonto. Claro que llora una vez al día, quién no, con la que está cayendo y aunque lo radie Lucas, pero enseguida se le pasa y se pone a cantar CaramelitoTendré que llamar a la radio para que se la dediquen. Y para decírselo. 

Que tranquilos, que hasta el día a día, que hasta la vida, se cura. 

       Que a veces se equivocan incluso las letras de Cold Play, que la rueda no siempre destroza a la mariposa. Y que aunque ellos lo piensen, lo debatan, lo afirmen, que aunque todos crean que el vaso se desborda, yo les digo, abandonando por un instante mi perpetua negatividad, que mi padre, cincuenta años después de haberla conocido, ha vuelto a sonreír :).


jueves, 21 de mayo de 2015

El término medio

Madre:
Hai que ter despexo. Hai que ter disposición. 

Padre:
Fun de paseo.

Y se han entendido toda la vida. 
Es que es de coña :).

martes, 19 de mayo de 2015

Chicha-rrón


Cuando te pones ceporrilla a base de chicharrones, no tienen piedad. Cuchichean a tus espaldas. Te apuñalan en el gym. La grasa que te protege agrede al mundo, que saca el lanzallamas y te apunta furibúndico.
Ni te detienes. No cejas en la dentellada al calamar rebozado, al bocata de moruno, al choricillo ahumado en casa abuela. La niña tirillas que hay en ti saca la espada y se la clava a los tranchetes. Qué cojones. Esto no es la guerra. Es la vida :).  

miércoles, 13 de mayo de 2015

Amigurumi


La vida consiste en hacer los deberes, amigurumi, empapar una compresa y morir de amor. Pero por el medio brotan como pelos enquistados oportunidades que son la puta hostia. 
Hay que elegir. 
Una puede dejarse llevar por la tradi, acariciarse el repollito (qué gran palabra) y ver telenovelas. O bien pillar por banda una idea y hacer algo más que jugar al frontón con ella en su cerebro. O sea el tuyo. O sea el mío.
O sea tirao, vamos :).

lunes, 11 de mayo de 2015

La tentación


Hace al hombre ladrón.
Ya lo decía una tía abuela que tuve una vez en Burgos.
Me tumbo sobre una roca. Llevo encima mi piel blanca, ciento veintitrés lunares y un bañador deportivo gris, chorreado de rosa y de morado. Pretendo atrapar al sol, porque soy una princesa, como todas.
Abro los ojos y a mi derecha, a unos cinco metros, veo como un señor, tan señor como todos los que visten impecablemente, se sienta de espaldas a la playa, y a mí. Mira hacia las islas, ve pasar los barcos. Medita. Tiene como un tic, gira todo el rato la cabeza hacia izquierda y derecha. Su camisa tiembla.
La brisa es poderosa. Estamos en primavera.
Me incorporo de cintura para arriba, coloco los brazos en atril y observo la marea, en plan be water, mientras el espectáculo de la vida, se agita a veinte pasos.
Se me acerca una niña que pronto va a dejar de serlo. Morena, muy mona, con su braguita de volantitos rosa. Da pequeños saltos, baila, nos rodea y se pone a buscar cangrejos en medio de las rocas, frente a él, que duda, aunque no se detiene.
Soy una princesa, pero no dudo. Ni me detengo.
Giro la cabeza. 
Se la miro. 
Él gira la suya. 
Me mira.
Le digo: CUIDADITO.
Se detiene la brisa, hace una pausa. Se levanta y se va. Lo veo cruzar la playa, buscar su sitio, mientras la niña encuentra a su cangrejo.
Me tumbo sobre la roca y cierro los ojos. Sonrío. 
Me gustan los finales felices.
Por supuesto que soy una princesa.

A veces Susana, me dicen, das miedo.
Ya.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Nudos corredizos

Cuando te pegas una hostia como un piano y te vuelas los dientes
de una sola pisada resbalosa, 
dite tú que hoy será un gran día.
Tú quieres caminar.
Los huesos, una tregua.
El camillero, que subas a la ambulancia.
Mis padres, ser abuelos.
Yo, el sueldo Nescafé para toda la vida.
A ver cómo lo atamos.