Lo primero y principal es rodearse de libros. Para eso pueden ayudarte las bibliotecas, y las librerías. Acumular, acumular, acumular. Que haya variedad. Y dejar que te asalten, como aconseja Pérez-Reverte. Cocina, paracaidismo, novela, ensayo, terror, romántica, thriller, encuadernación, poesía, por ejemplo. Lo segundo es pasear nuestra mirada por todas esas cubiertas tan estudiadamente diseñadas, por los títulos de esos lomos de diferentes grosores, acariciar cada libro, ver qué sensación nos produce al tacto, y al olfato. Lo tercero es prepararse una taza de té bien caliente y abrir una tableta de chocolate al 70 por ciento de cacao y lo cuarto, buscar un asiento medianamente confortable y repanchingarse en él. Lo quinto, ya cae de cajón: abrir el libro elegido y dejar que te atrape. Debes recordar que si no lo hace, no tienes que seguir leyéndolo. Cámbialo. Ya no tienes edad para perder el tiempo, tengas los años que tengas. Pero si te gusta, concédele tu tiempo libre, tus horas de sueño, tus ganas de aprender, tu sensibilidad. Porque saldrás de esa aventura, probablemente siendo una persona nueva, con más conocimientos, con nuevas perspectivas, con más ganas de reír, o de llorar. Deja que el leer te atraviese cuando tengas un mal día, o un mal sueño, o pocas ganas de vivir. Integra la lectura como un marcapasos de tu vida y esta será quizá más larga, inmensa y mucho más productiva. Que te aproveche.
lunes, 21 de abril de 2025
Cómo leer cuando no tienes ganas.
lunes, 26 de agosto de 2024
Me acuerdo (34)
Me acuerdo de lo bien que huelen y lo bonitas que son las hojas de los naranjos.
Me acuerdo de las contraseñas de mis cinco correos electrónicos.
Me acuerdo de cuando le tocó la lotería de Navidad a la familia de mi compañera de trabajo (su madre vendía el número en su bar) y de que pensé que si lo hubiese traído a la redacción, hubiese comprado un décimo, seguro. Puta mierda.
Me acuerdo de robar una bolsa de pipas en una tienda de barrio.
Me acuerdo de cuando me cobraron 2,25 euros por un té de sobre.
Me acuerdo de ayudar a despellejar conejos a mi abuela y sufrir lo indecible por ello.
Me acuerdo de ver a a mis vecinos jugar horas y horas a la petanca.
Me acuerdo de los bonobuses de cartón.
domingo, 8 de agosto de 2021
El mejor verano
Durante el mejor verano de mi vida no hará demasiado calor, ni lloverá. Desayunaré té matcha con jengibre, regaliz, manzana y naranja. Las horas no pasarán demasiado lentas ni demasiado rápidas. No morirá nadie a quien conozca. Llegará tras una primavera llena de secaderos de congrio, de margaritas en los jardines, de silencio. Habrá lecturas y habrá sexo, con placer y protección. Sonará una música suave, quizá Meiuqèr, hará algo de brisa, rozaré con mis piernas el mar. Será el verano de las carcajadas y el llanto, del brillo en los ojos. Conduciré hacia la montaña, cuesta arriba. Comeré sardinas, metidas en medio del pan. Me pintaré las uñas del color de una grosella, saludaré a los desconocidos, temblaré. Durante el mejor verano de mi vida no existirá Dios. Me rodearé de árboles y de helados de fresa. Descansaré sobre una hamaca. Untaré tostadas con crema de cacahuete. Haré pulseras y collares con conchas marinas. Jugaré con perros y estornudaré con fuerza y alegría. No habrá prisas, el sol se pondrá como siempre, por el oeste y observarlo será un espectáculo efímero y bello. Durante el mejor verano cenaré porque hay luna y bajo ella, me acordaré de todos los momentos en que fui feliz y valió la pena. Recitaré poesía, por primera vez. Y no será un acto cursi ni banal. Será como apoyar los pies en la tierra húmeda y echarse a caminar como una niña, un pie delante de otro. Así, sin más, hacia donde las palabras me lleven.
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