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lunes, 21 de abril de 2025

Cómo leer cuando no tienes ganas.

 Lo primero y principal es rodearse de libros. Para eso pueden ayudarte las bibliotecas, y las librerías. Acumular, acumular, acumular. Que haya variedad. Y dejar que te asalten, como aconseja Pérez-Reverte. Cocina, paracaidismo, novela, ensayo, terror, romántica, thriller, encuadernación, poesía, por ejemplo. Lo segundo es pasear nuestra mirada por todas esas cubiertas tan estudiadamente diseñadas, por los títulos de esos lomos de diferentes grosores, acariciar cada libro, ver qué sensación nos produce al tacto, y al olfato. Lo tercero es prepararse una taza de té bien caliente y abrir una tableta de chocolate al 70 por ciento de cacao y lo cuarto, buscar un asiento medianamente confortable y repanchingarse en él. Lo quinto, ya cae de cajón: abrir el libro elegido y dejar que te atrape. Debes recordar que si no lo hace, no tienes que seguir leyéndolo. Cámbialo. Ya no tienes edad para perder el tiempo, tengas los años que tengas. Pero si te gusta, concédele tu tiempo libre, tus horas de sueño, tus ganas de aprender, tu sensibilidad. Porque saldrás de esa aventura, probablemente siendo una persona nueva, con más conocimientos, con nuevas perspectivas, con más ganas de reír, o de llorar. Deja que el leer te atraviese cuando tengas un mal día, o un mal sueño, o pocas ganas de vivir. Integra la lectura como un marcapasos de tu vida y esta será quizá más larga, inmensa y mucho más productiva. Que te aproveche.

lunes, 3 de junio de 2024

Me acuerdo (22)

Me acuerdo de atravesar kilómetros y kilómetros de dunas caminando hasta llegar a Cabo Polonio.

Me acuerdo de haber lamido un cuerpo con sabor a aceituna.

Me acuerdo de haberme leído todos los recopilatorios de artículos de prensa de Pérez-Reverte.

Me acuerdo de haber disparado con una balinera.

Me acuerdo de una sombrilla que tuvimos, de dos colores, naranja y azul oscuro y de la nevera de playa, también anaranjada.

Me acuerdo de la Guerra del Golfo y de como, por primera vez, se ofrecieron imágenes en directo de un conflicto bélico.

Me acuerdo del Risk y del Tetris.

Me acuerdo de un erizo que encontramos mi hermano y yo en la aldea, al que llamamos Espichupúas.

lunes, 8 de junio de 2015

Casi feliz



Hace años, quizá unos diez, 
bajo la errónea elección materna de un edredón de raso rosa, 
tuve un sueño.
Porque soñar, sueñan todas las princesas, 
además de Candela Peña y del señor Martin Luther King :).

Desperté, me pregunté, ¿lo hago?
Y lo hice. 
 Escribí una conversación, tiré la libreta al suelo
 y volví a quedarme frita, 
que dormir, pues oye, también tiene su aquel.

  exponía sus pinturas en una galería de mi ciudad.
Me entusiasmaron el cartel y el título,  
Casi feliz :).



 Y volví a soñar. 


Eran huellas pegadas en el suelo, 
una doble hilera de pisadas que me conducían al café Ollo Ledo 
(Me gusta :)).
Iba con mi hermano. 
En el corcho de la entrada, estaba pegado el cartel. 
El artista estaba dentro. Lo saludé. 
Y desperté.

Me hice alguna pregunta.
Entre ellas, qué es lo que le falta a las personas, 
a cualquier ser humano, 
qué necesitamos para ser felices. 
Y encontré a Rafa.

Sudoroso, con el mono, 
con toda la belleza de sus dramas y 
sus cinco monedas en la mano.
Pensé en lo mucho que me gustaría que alguien lo quisiera. 
Pensé que también él merecía ser feliz. 
Que todo el mundo se lo merece.
Y escribí un relato.

Luego conocí a un chico.
Era moreno, era piscis, llevaba la pierna tatuada. 
Escribía.
Había ganado el Certamen de Relato Corto Os Viadutos, 
de Redondela. 
Le pregunté si estaba amañado y me dijo que no :).
Leí su Púrpura para Amanda 
 y pensé que el mío tenía posibilidades.
Lo presenté. 

El jurado: Fran Alonso, Manuel Bragado, Susana Piñeiro Paz 
(Sonsoles Lores Martínez, Laura Lago Aller). 
Le dieron el primer premio. 

Soles, con su voz de sol, llamó para decírmelo.
Bragado y la experiencia del que lo hace como si nada, 
presentó el relato el día de la entrega. 
Era la primera vez que alguien, 
alguien como él, 
me valoraba por hacer lo que quería hacer, que es escribir. 
Me emocioné. 
Y le doy las gracias.

Luego cambié de trabajo.
Ya no redactaba. Encuadernaba.
Estaba entapando un libro, creo.  Y llegaron máculas nuevas, 
que son pruebas de imprenta que se usan 
para no ponerlo todo hecho unos zorros de cola. 
Cogí varios pliegos. Leí el texto impreso. 
Era mi relato. Era Casi feliz :)).

Una señal.
Así que continué escribiendo.

Este año han muerto 
dos de las personas a las que cité, Alvite y Galeano. 
Es una casualidad, 
pero he pensado que es el momento de sacarlo a la luz.
A Ana Manrique y a Pérez-Reverte (a los que también cité),
les deseo larga vida, que los necesito :).

Mañana, la primera entrega.