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lunes, 16 de diciembre de 2024

Me acuerdo (50)

Me acuerdo del olor a pan y a leña quemada.

Me acuerdo que salí en los periódicos y televisiones nacionales cuando fui a Madrid, a manifestarme contra la L.O.U.

Me acuerdo de la primera y única entrevista que me hicieron en televisión, por haber ganado un concurso literario.

Me acuerdo del concierto de Jorge Schellemberg, que vi en un local de Montevideo.

Me acuerdo de lo sensibles que se vuelven la lengua y los labios cuando comes muchas pipas con sal.

Me acuerdo de haberme reconciliado con la vida.

Me acuerdo del miedo que se siente, cuando estás a la espera de un diagnóstico médico grave.

Me acuerdo de trabajar en el campo echando patatas, durante la vendimia, la siega y la matanza y sentir como esos trabajos, al hacerlos en grupo, me unían a mi familia..

lunes, 26 de agosto de 2024

Me acuerdo (34)

Me acuerdo de lo bien que huelen y lo bonitas que son las hojas de los naranjos.

Me acuerdo de las contraseñas de mis cinco correos electrónicos.

Me acuerdo de cuando le tocó la lotería de Navidad a la familia de mi compañera de trabajo (su madre vendía el número en su bar) y de que pensé que si lo hubiese traído a la redacción, hubiese comprado un décimo, seguro. Puta mierda.

Me acuerdo de robar una bolsa de pipas en una tienda de barrio.

Me acuerdo de cuando me cobraron 2,25 euros por un té de sobre.

Me acuerdo de ayudar a despellejar conejos a mi abuela y sufrir lo indecible por ello.

Me acuerdo de ver a a mis vecinos jugar horas y horas a la petanca.

Me acuerdo de los bonobuses de cartón.

sábado, 8 de abril de 2023

Pipas

 

Foto: Elena Dean @bicodepulga

Cada vez que como pipas recuerdo que fui feliz. Hay algo en la niñez, que es etéreo y burbujeante y que, con suerte, no se pierde con el paso de los años. Las chucherías forman parte de ese algo, que en su día me ayudó a pasar las tardes. Las comprábamos en la tienda de mi calle, que cerró cuando Mari Carmen se jubiló, llevándose con ella el sabor a Burmar Flax de cola para siempre. Durante temporadas alternas, dejé de comerlas, llegué a olvidarlas incluso, pero de nuevo regresaban a mí a golpe de supermercado. Las golosinas y entre ellas, la madre de todas las distracciones, las pipas, son infancia y son refugio. Con ellas me partí un diente y desde ese día comprendí que hay que tomárselas en serio, ya que, en contraposición, también mejoran el estado de ánimo. Y como escribió Ray Loriga, "qué más da de donde vengan nuestras sonrisas". No hay más que mirar un girasol :).