Cada día, si puedo, sobre las seis y media de la tarde, me tomo un café en las galerías del Calvario. Claro que hay muchas cafeterías por la peatonal con terraza al are libre, pero yo prefiero la del Filipo, el bar pequeñito y discreto que pone sillas y mesas a lo largo de ese pasillo interior con suelo de terrazo. Dentro de ellas, -de las galerías- conviven una tienda de ropa, un centro de estética, un fotógrafo y un zapatero, oficios que tienden a desaparecer, pero que de momento, dan la batalla frente a un cajero del Banco Santander. Tanto en los días de lluvia y de frío, como ahora que llega el calorcito primaveral, la terraza de las galerías, se llena. Abuelas con perritos, parejas, grupos de jubilados que se reúnen para charlar, niños que corretean por todas partes en plan majareta y vecinos que tienen aquí dentro su portal. Yo me siento en una de las mesas del fondo, para verlos a todos en esta especie de túnel y al fondo, la calle. Mirar para afuera es como colocar una cámara de cine que lo registre todo: el comercio de enfrente, los portales y pasando continuamente, la gente y sus vidas a cuestas, que a veces paran a descansar en el banco de madera. La señora con un chaleco rosa de pelo, una embarazada, el chico con un casco rojo, son ejemplos. Fauna de un barrio que me apasiona y que se deja contemplar sin reparos, deseando tener un futuro cinematográfico o literario pero que de momento se conforma con una entrada en este humilde blog, que escribo mientras un perro salchicha negro me mira con ojitos tiernos. Así que debo dejarlo todo e ir a acariciarlo :).

Anda que como acabe viviendo en tu barrio y me acabe gustando ese bar de la galería!🤦🏽♀️😜
ResponderEliminarNo es que te va a gustar. Es que te va a APASIONAR.
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