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lunes, 4 de marzo de 2024

Me acuerdo (9)

Me acuerdo de la masiva manifestación feminista del 8M de 2018, en Vigo, y de cómo nos mirábamos unos a otras sintiendo que allí era donde teníamos que estar.

Me acuerdo de llevar las piernas y las axilas sin depilar.

Me acuerdo de los canarios amarillos trinando en su jaula y poniéndolo todo perdido de alpiste, en la cocina de mis abuelos.

Me acuerdo de haberme disfrazado de Frida Kahlo y del tintineo de mis pendientes y collares, que me hicieron pensar en Carlos Fuentes, quien escribió que, antes de vérsela, a Frida se la oía llegar.

Me acuerdo del banco de herramientas de carpintería que tenía mi abuelo (que no era carpintero) y de un “burro” que construía con troncos, para sujetar los maderos al cortarlos con la motosierra.

Me acuerdo de la cara de pánico de mi mejor amigo una vez que fuimos al cine y le di un billete para pagar la entrada, que resultó ser falso.

Me acuerdo de jugar al escondite en casa de los vecinos y de esconderme en su viejo cuatro latas.

Me acuerdo de haber comprado con total entusiasmo un libro rosa de poesía, que nunca llegó a mis manos.

jueves, 22 de septiembre de 2022

Hartistas

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Tratar de definir el arte con palabras es como intentar ponerle puertas al mar. El crujido que uno siente en su interior cuando algo creado por otro ser humano te define, te identifica o te interroga es mucho más profundo que cualquier explicación que pueda ofrecernos un diccionario de la RAE. El arte es sabio. Y no le ha importado esperar durante siglos a que lo comprendamos, lo admiremos, lo aceptemos y lo integremos en nuestras nuevas formas de vida. La pintura. La fotografía. El cine. La escultura. La música. La arquitectura. La literatura. Constituyen las clásicas maneras que han elegido hombres y mujeres para poder expresar aquello que sienten  y que les estalla por dentro. Sin conocer el resultado de todas esas manifestaciones, nuestra vida sería más pobre, más triste, más vacía y totalmente insignificante. La cultura y el arte contribuyen al conocimiento, al desarrollo de la sensibilidad y el placer estético, a la formación de un criterio propio, al fortalecimiento de la capacidad de pensar. Ignorarlos supone introducirnos en una cueva húmeda y oscura. Sin cerillas, sin antorchas, sin linternas, sin nada. Los artistas lo saben. Y desparraman sus colores, sus palabras, sus sonidos y sus imágenes, para que nos llenemos de luz. Atacarlos presupone cierto grado de ignorancia, de embotamiento, de anhedonia. Los hartistas lo sabemos (no confundir con el movimiento). Solo somos personas individuales, hartas del desprecio hacia aquello que nos complementa, alimenta nuestro espíritu y nos convierte en mejores personas. Personas a las que entristece la apatía social e institucional, la falta de apoyo, la ausencia de ganas. Los hartistas queremos más visitas a museos, presupuesto, butacas llenas, políticos que sepan quién sigue siendo Saramago. Los hartistas no nos rendimos. Y miramos mal al que se ríe de que no se vendan todas las localidades, al que prefiere el brillo del los leds al de los cerebros que escriben un libro, dan un concierto o dirigen una peli de bajo presupuesto. Los hartistas somos luchadores. Y consumidores de arte y de cultura, aquello que contribuye a que nos mantengamos con vida, porque nos aporta conocimiento, ilusión, amplitud de miras y curiosidad. Que nadie venga a decirnos que no sirven para nada. Que nadie intente arrebatarnos la fragilidad.