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lunes, 23 de noviembre de 2015

Hombres muertos que caminan (81)


la tristeza_
Has olvidado lo que esperas, pero recuerdas la espera.

Dicen que lo normal es tener ganas de vivir.
Pero una mañana cualquiera te levantas y todas las voces que te hicieron daño, retumban en tu cabeza. En un momento percibes que todo es tristeza, que se pegó a tu cuerpo, que no la sientes, sino que la eres. Y dejas de fingir que todo va bien cuando te caen las lágrimas en cascada y sólo piensas en estar sola, lejos de todos, cuando tu único deseo es que nadie te vuelva a destrozar.
Y el tiempo pasa y asimilas tu identidad desierta. Y ya no estás, aunque puedan verte, porque te has quedado fuera de todo esto, de la vida, que fracasó contigo estrepitosamente. Naciste en el lugar equivocado, naciste al otro lado y el barco hace ya tiempo que zarpó dejándote en tierra, en un suelo sobre el que no sabes caminar. Por eso quieres que pase, deshacerte del regalo con el que no pudieron comprarte. Ellos, que sentirán tu falta, que también se considerarán culpables, responsables de este extraño suceso que es vivir dejando discurrir las horas una detrás de otra, sin ningún motivo en especial.
Pero lo estúpido es hacerlo. Pensar en amigos, familia, algún perro callejero que más tarde o más temprano se dejará domesticar. Porque todo pasará. Volverán a hablar de mí, a recordarme, a verme en vídeos, como si nada. Se curarán la pupa y el día seguirá a esa noche en la que deje de resistir, y lo haga.

lunes, 22 de junio de 2015

Ne-Cesâreo

Tengo una amiga que tiene un padre con bigote, gallinero y perdiz (R.I.P).
:))))))))))))))))))))))))))))

Una tormentosa mañana en la que ambas intentábamos avanzar (seguimos en ello, seguimos en ello) por una calle peatonal, empezó a refunfuñar. 
La escuché.
No porque fuese una amiga, sino porque Me gusta que la gente idolatrable y con vocecita, se cabree. Tienen sus razones. Malos días, meses, años, décadas, vidas. A todos nos pasa. A mí, desde luego. A la perdiz de su padre, también :((.

Sobre la tristeza en general y de esa perdiz en particular, hablé en un cuento que se titula Cesâreo, como el nombre del hombre que fue su dueño -no de la tristeza, que es Patrimonio de la Humanidad-, sino de ese pajarracucho en cuestión. De como ese señor, que parece un hombre duro, un hombre cualquiera, un hombre más, demostró no serlo. De como la observó. De cómo se preocupó por un simple animalucho de corral sin nombre. De cómo lo intentó. Dar con la solución, buscar un remedio anti-tristeza. 
Colocar un espejo en el gallinero, para hacerle creer que no está sola. Menuda idea, dijo su hija. Bueno, algo es algo, le dije yo.

No tengo ni que deciros que me encantó. Porque es algo bonito, tierno, sencillo. Una ocurrencia, pues como de niño. Graciosa. De las que te hacen :))))).

No le dediqué mucho tiempo al cuento, la verdad, porque no lo tenía. 
Pero lo escribí. 
Estaba leyendo Peter Pan y me gustaron pequeños detalles del estilo de James Mathew Barrie, como cuando habla de un crío, que buscando un penique a la orilla de un estanque, encontró tres. O algo así. 
Parece ser que este Barrie, era un buen tipo :).

Luego lo envié al Concurso de Cuentos de Temática Infantil de la Asociación Unión Cultural Zona Sur de Valladolid, simplemente porque encajaba en cuanto a extensión y estas cosas. Sin mayores pretensiones. 
Le dieron un tercer premio :).
Sé que debería haberle dado alguna vuelta más antes de enviarlo. Falla el pre-final, fallan algunas cosas. Y para que algo sea redondo, completo, bueno, para que le den el diez, el primer premio, es necesario dedicarle tiempo dentro del tiempo que no tenemos. Tiempo del bueno, tiempo desde dentro. Pero yo no lo tenía. Y mi objetivo no era ganar. Era escribir, dentro de lo negativo del momento, un cuento para niños, un cuento con un buen final.
Lo hice.
Luego me miré al espejo, como la perdiz. Y no se rompió, aunque no era feliz, porque el reflejo no era una mentira. Era yo, que seguía allí, conmigo, con quien nunca me he llevado del todo mal. 

Puede que la vida no sea un cuento para niños, puede que porque desde luego ponemos todo nuestro empeño en que no lo sea. Pues refunfuñemos lo que queramos pero empeñémonos en lo contrario mientras podamos pasar las páginas, porque del final, es que no nos vamos a librar. 

Nada es tan difícil. Nada es imposible. Se trata simplemente de querer querer. No es mucho más que eso. Así que intentémoslo antes de que nos impriman un FIN y nos encuadernen :). 

Mucha suerte a todos.