"Mientras escucho Qué bien tan mal, de Ojete calor, el hombre de la camisa a rayas entra y se toma un café con un chupito de licor. Se pone las gafas con todo el cuidado y lee el
periódico, de delante hacia atrás. A veces está solo y otras llega su mujer,
que lo besa pero no se sienta en su misma mesa, sino en otra; también a leer el
periódico y a tomar algo. Es un gesto extraño, pero cotidiano. Cuando
termina, se levanta y mete unas monedas en la tragaperras. Mira el reloj. Recoge
las pérdidas. La despide. Y se va."