sábado, 31 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (58)


_la emoción
...ya no hay mujeres como la que yo quería ser.

Ahora sé que sufría y cuánto. Con todo lo que hemos hablado de ella estos días veo que no supimos quererla, que no supimos frenarla, que no entendimos que cuando sonreía, estaba disimulando. Mi amiga, mi amiga que está muerta, ahora entiendo que era alguien especial, en el mal sentido, en ese que no te deja ser, que puede contigo.
Su ritmo acelerado, debimos sospecharlo, su cabeza siempre activa, como en otra parte, buscando la sorpresa, infantilizando la vida, idealizándolo todo. Eso agota porque es una lucha contra el mundo y su rutina, contra una realidad que la demacraba, de la que vivía un poco al margen, algo aislada, en su propia burbuja de emociones que no lograba dominar.
A veces pienso que se mató porque no encontró a alguien que fuese como ella. Que la entendiese de verdad, su manera de sentir, de afrontarlo, su decisión de no parir, de apoyarse en la palabra, el sonido, la imagen. Alguien que le hablase, que se interesase, que le dedicase tiempo sin tener que suplicárselo.
Yo creo que esto fue lo que la desilusionó del todo, lo que la detuvo. Se cansó de no recibir ni la mitad de lo que intentaba dar. Se le quebró el entusiasmo, la emoción, la alegría que la caracterizaba. Por eso abandonó, por eso se rindió.

viernes, 30 de octubre de 2015

Hombres muertos que camninan (57)


las lágrimas_
Que el mundo es horrible,
es una verdad que no necesita demostración.

Cuando lo deseo con todas mis fuerzas, me resulta imposible. Pero en cuanto dejo de pretenderlo, se me caen de los ojos y me salan las pestañas.
Hoy me dio por ahí, por craquelarme la cara. Porque soy una triste, por lo que sucedió en mi vida y nunca podré contar, por todas las imágenes que se me han fijado sin querer, por la pérdida, por la indiscreción, por lo que te perjudica, por no haber gritado cuando debía, por el primer amor y por el último, por cada persona de la que me distancié sintiendo que me quería, pero esperando a que me lo dijera. Por las injusticias, por los abusos, por el obligado descrédito en la familia a la que esta misma te arrastra, para no consumirme y para limpiar y dar brillo a mis ojos, que se empeñaron en perderlo con el paso del tiempo. Por no maldecir y por no haber ignorado, por no haberme disculpado y por no haber amado, por el sufrimiento que yo misma me obligué a sentir por ser incapaz de conseguirlo. Por no poder volver a creer en nadie. 

jueves, 29 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (56)


_maneras de vivir
Ya somos todo aquello
contra lo que luchamos a los veinte años.

Somos demasiados los que no podemos hacer otra cosa que no sea vivir de la manera en que nunca quisimos, porque todo está como pautado y no tenemos el valor de darle la vuelta.
Cada año que pasa es peor. Problemas, obligaciones, una familia por la que velar, las relaciones, el trabajo. Es tan complicado no dirigirse hacia donde caminan todos, esa masa que te arrastra y por la que te dejas guiar... Es que es como flotar en el mar, mucho más sencillo. No nadar a contracorriente mientras te observan bajo la sombrilla y te berrean que dejes de hacer el imbécil, que ya te lo decían ellos, que te ibas a ahogar.
El socorrista se acercará para el boca a boca, que para eso le pagan, pero no te dejarán repetir la escena. Los médicos están aquí para dirigirte, igual que los abogados, los periodistas, los curas, los parientes, los guardias civiles, los funcionarios de hacienda, el carnicero, hasta las vendedoras de bisutería saben mejor que tú lo que te conviene, que si llévate el pendiente color bronce que combina con tu cabello dorado como los rayos del sol y esos ojos color miel, cuando en lo que piensan es en largarse cuanto antes a la calle porque en la tienda hace demasiado calor.
Y tú te dejas aconsejar, envuelta por las circunstancias y el papel de regalo. Con toda esa seguridad, que cabe en cuatro bolsas de papel.
Aparentando la vida.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (55)


dudas_

...nadie puede ponerse cabalmente en el lugar del otro,
menos aún juzgarlo.

Tampoco sería tan complicado recular. No hacer sufrir a quien ignora lo que te ocurre. Sí, aunque sea porque quieren ignorarlo.
Se sienten felices e indiferentes en sus casas frente a la tele, cenando o preparando un viaje para el próximo fin de semana, así que no deberías frustrar sus planes de domingo. Mejor reunirlos y contárselo, para escapar de ello y no de tu propia vida, evitar que suceda, conseguir que alguien se escandalice, una reacción que provoque que eches el freno.
Puede que alguno tenga la respuesta, que te dé la solución, que te convenza de que cada respiración no ha sido, ni es, una enorme pérdida de tiempo.

Cómo me gustaría no hacerlo. Cómo me gustaría tener una razón.

Si no fuera porque conozco infinitas maneras de ser infeliz, trataría de persuadirme haciéndome creer que sólo es sueño y no unas tremendas ganas de morir.
Pero no acostumbro a mentirme.  

martes, 27 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (54)


_grita
...dijo que yo era una persona muy difícil.
Que vivo en mi mundo. Que soy un soñador.

Pues aquí me tienes, GRITANDO.
Siempre dije que fuimos amigos por tu insistencia, porque estabas ahí, hasta cuando no hacía falta.
Nunca desconfié de lo mucho que me quisiste.
 Te conocí en un mal momento, cuando estaba repleto de sueños y rodeado de indiferencia y de soledad, eso fue todo. Y te vi como un agujerillo en la pared por el que entraba un poquito de luz. Así que me dediqué a raspar y a raspar hasta abrir un ventanal, porque necesitaba que me escuchasen y valorasen la importancia que para mí suponía ser aquello que quería.
En aquel momento tú pasabas por allí. Así de simple.
Si ya éramos el colmo de la diferencia, con los años cambiamos a peor, pero, aunque me cueste, te voy a contar lo que he observado a través del agujero de mi pared.
Me veo a mí, cada vez más espabilado y egoísta, más guapo, a la caza de un aplauso que me aporte seguridad. Un tipo que pasó a no estar, principalmente cuando se le necesitaba, y en el que ya no quedaban miedos, sino tonterías, apariencia y aires de grandeza.
Y te veo a ti, más cabreada de lo habitual. Tan descuidada en tu físico como siempre. Vulgar, simple y directa, pero menos. Una tipeja para la que me convertí, ahora que me creía alguien, en un cero a la izquierda. Para la que perdí todos aquellos valores que le parecían importantes cuando me conoció. Una charlatana que en otro momento me lo habría dicho, pero que estaba cansada, que tuvo temporadas muy malas de las que ni me quise dar cuenta y a la que no le pregunté desde cuando soñaba o de qué mierda iban sus sueños. A la que le dolía algo tan simple como que nunca estuviese a su lado cuando alguno se cumplía. Ni en el antes, ni en el durante, ni en el después.
Por ese tipo de cosas, a las que yo no daba importancia, decidiste distanciarte. Y actuar. Porque sabías que toda la confianza que habías depositado en mí no había servido de nada. Porque nunca te hablaría con el corazón, con la verdad. Jamás diría algo que no quisieses escuchar, olvidando que eso mismo supondría el auténtico fallo para ti. Porque callar era como darte a entender que ni siquiera yo llegué a conocerte en absoluto, que no supe de qué iba esto de ser amigos, ni lo de confiar en la gente, ni de querer que las cosas funcionasen. Que lo único que necesitaba era tener a alguien a quien contarle mi vida y que lo demás daba igual.
Sé que fue por eso que dejaste de ayudarme, de prestarme atención, de alimentar mi ego cuando veías que rebosaba. Porque olvidé que tenías una vida y que también estabas ansiosa porque alguien la valorase. Y porque te deprimía ver amputaciones de brazos por todas partes, cuando lo único que necesitabas, como todos, era a alguien que te echase una mano. 
 Y sí, ahora que pasó todo, cuando ya es tarde, pienso que me volví gilipollas de remate. Por eso descrucé los brazos y por eso te escribo. Para decirte que sé que no era imprescindible crecer dejando por el camino los esqueletillos de gente para la que constituí una de sus prioridades y que la pereza eterna que impidió que cuidase lo que tenía, acabó perjudicándome. Que de nada sirve ahora esto de ir lloriqueando por las esquinas, porque cuando me asomé a la ventana, ya lo habían bombardeado todo. 
Y tú no estabas.

lunes, 26 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (53)


el silencio_
Si salgo corriendo, tú me agarras por el cuello.
Y si no te escucho ¡grita!
Si te tiendo la mano, tú agarra todo el brazo.
Y si quieres más, pues ¡grita!

     A veces les doy la espalda y no quiero que vuelvan. Quiero que dejen de insistir. De llamarme. De fingir que me necesitan. No se dan cuenta de que me hacen daño y que busco la manera de devolvérselo, aunque tal vez no lo merezcan.
Hacen lo posible por entenderme, por seguir a mi lado cuando me convierto en una ostra, cuando dejo de comprenderlo todo y me sumerjo en lo más profundo para encontrar la fuerza que me saque de nuevo a la superficie, que me ayude a defenderme ante la realidad.
A veces los odio porque no comprenden nada, porque no me arrancan de mi propio destierro, porque no me regresan con ellos, porque no me enseñan a vivir. Pero ese odio no nace más que del amor que les tengo, a su respeto, a su silencio, a los forzados apartes a los que los obligo a someterse, a su persistencia cada vez menor. Los quiero pero me hacen daño, porque yo misma me lo hago al quererlos. Y los culpo, cuando esa culpa se aloja en mí. Pero los quiero, siempre, siempre, siempre los quiero, aunque ese sentimiento me derribe y conmigo a ellos, que quizá nunca lleguen a comprender nada.

domingo, 25 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (52)


_rarunadas
Te hundes en la confusión.
Y entonces conoces a una persona extraordinaria y divertida,
triste y excepcional.

Era curiosa. Un personaje.

Hacía listas de palabras. Decía que eran préstamos, robos o regalos que de vez en cuando repasaba, para recordar a las personas a quienes se las había escuchado.
Si le preguntabas, se entusiasmaba y te contaba con detalle la historia que había detrás de cada una. Le gustaba mucho jugar a este juego de cría.
Era raro. Y conmovedor.

Un día, le pregunté qué haría si tuviese que escoger.
Pues no hacerlo.

Eligió no elegir.

sábado, 24 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (51)


las palabras_
Estés donde estés alguien te observa. Pero no te cuida.

No me gusta desnudarme ante la gente. Si siento que sólo me observan, ni me quito la ropa, ni las mejores palabras.

               hatillo                                                         pentelho                            
                                                  cachorro                                                                 chapiro
                          chirimbolo                                                       talludito            
                                                                        panza                                                    ricura 

                  gajo                    tanzanetes                                   delirio

       espadachinazo                                riachuelo                    ñus              apetitoso

                                   balagandá                                       tiñalpa                            entrañable 
                                                              chirigota                                  chiquilla

     zarzaparrilla                                       futingo                           desgarramantas  

                alpargata                  pegote                         guijarro                             txalaparta
                                                    
                        norretes                                majareta                   barrabasada  
                                      
                                       abracadabrante                                                                     pororoca
                    chacarita                                            hospitalera                     deloirar
                                                 peperere                        
         bambalúas                                                                    divigüada                       pollino                                                                
                                                                   horroroso                                                                                                                                                                                          rostrigo                          garrulo                                                             jopelines

                        rascapuertas                          taxidermista                            amapuche

                                               maruliño