martes, 6 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (33)


deseos_
Ahora ya sé que el hombre es capaz de grandes actos.
Pero, si no es capaz de un gran sentimiento, no me interesa.

       Que te quieran, que no se mueran los tuyos, conservarlos, que te toque el gordo y el flaco, un auténtico viaje en globo, lo inesperado, ser culpable de una sonrisa, encontrar lo que buscabas sin tener que rebuscar, despertar antes de tiempo y poder dormir una horita más, que no se acabe el sueño, encontrar la solución, viajar, volar, ser feliz, no dudarlo, sentirlo, que te lo digan y saber que es verdad de la que duele y da miedo, pero del bueno. Demostrar que todo es posible si no nos negamos a la posibilidad de que lo sea ..................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................... No despertar.

lunes, 5 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (32)


_los problemas
...huyo para ignorar,
pero no puedo ignorar que huyo...

Lo que sé de ella es lo que sé de todo lo demás. Que nada es lo que parece. Y que no valemos demasiado. Ni siquiera los que miran por encima del hombro y te perdonan la existencia, porque en cuanto se escarba un poco sale el humo, que venden a precio de azafrán.
           Uno no tiene más que mirar a su alrededor y poner la oreja para saber que cada caminante ata a las botas docenas de problemas. El que nació ciego, el que perdió a su madre, la que tiene cáncer, los que gastan más que ingresan, el que no ve cumplido ningún deseo, la que tiene dueño, uno al que le nacieron los críos pegados, aquel que necesita un riñón, los otros dos, que se están separando, el hijo de alguna, que no tiene padre, aquel otro, que lo tiene y lo mata, la de la joyería de la esquina a la que están robando, la abuela de esta niña, a la que se le descolgó la cadera, las de la frutería, que hace un par de meses que no cobran, los secuestrados, aquel que levantó vuelo pero no logra aterrizar, el novio al que plantaron en el altar, la que es puta sin alternativa, el ejecutivo que perdió millones en bolsa, a la que le llevó el coche la grúa, los que se quedaron dormidos y perdieron el barco, la que padece insomnio, los que viven en jaulas o incluso los que se están muriendo en este momento.
           Por más que prefiramos ignorarlo, antes o después, hasta las cabezas más limpias se llenan de piojos.

domingo, 4 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (31)


la miseria_
Aunque sonrían las estadísticas,
se jode la gente.
Algunos viajes te cambian la vida.
Cuando marchas crees que todo lo miserable queda atrás, pero en destino descubres que por ahí tampoco pasó el camión de la basura y que el suelo que pisas está plagado de chicles aplastados.
Ves a la niña de cuatro años medio desnuda, apestosa y piojosa. Abandonada en la calle, sola, con su hermano de meses en el regazo, llorando a moco tendido.
Ves al hombre de sesenta años, traje y corbata. El cartel que cuelga de su cuello durante diez horas. Su primer día de trabajo. Y ya anuncia cortes de pelo a precios increíbles.
   Ves a una mujer que no te ve. Y algunas letras de pintura blanca sobre una caja de cartón: TENGO HAMBRE.
        Ves tu cuenta de correo. La guineana, a la que ya no escribes, te pide condones. Se ha enamorado. Y un embarazo allí, es como una muerte a tres.
        Dejémonos de discursos hipocritillas. Salud y dinero, que todo lo demás, se puede comprar.

Y se compra.

sábado, 3 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (30)


_el amor
El amor es un perro del infierno.

La echo de menos.

También antes, pero nunca se lo dije. Ni tampoco que necesitaba un abrazo de despedida, a poder ser, cada fin de semana. Disfracé la realidad para no dejar al descubierto mis debilidades delante suya y lo único que conseguí fue perderla, que dejase de prestarme su atención para siempre.
Porque tenía esa capacidad, la de ponerse en tu lugar. Y eso era lo que te amarraba a ella como unos grilletes.
Lo que pasa es que estaba fuera de todo esto, de lo cotidiano, de la realidad. Y se cansó de insistir en el sueño, una barrera que le cerraba el paso, al menos conmigo, que no fui capaz ni de dejarme querer para no lastimarla, para no tener que demostrarle que el amor no es más que puro interés y que yo soy un haragán, un egoísta que jamás me preocuparía de su tristeza, que nunca daría más de lo que ella, ni lo mismo, aún consciente de lo difícil que resulta encontrar a alguien que sepa cómo quererte, que se distancie permaneciendo en el aire, por detrás de todas las cartas, de todas las llamadas, de todas las caricias contenidas por respeto a tu persona, a tus deseos, a tu manera de entender la vida. Porque sé que hasta muerta no me dejó, que nunca lo hará. Que continúa siendo una loca que me llevará siempre con ella, que me hablará y que me llorará, que me extrañará y que me esperará, por si algún día, sin saber cómo, ni con qué pretexto, al fin la necesitase.

viernes, 2 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (29)


el desamor_
Quien ha estado en tu corazón una vez, 
lo está siempre.


Qué fácil sería no verte,
no haberte conocido
y así,
no pensarte.
Ocupar rellanos con otras utopías
que no dejan vacío.
No saberte.
Dormir, no soñarte.
Caminar y avanzar camino sin dejar migas de pan
a nadie,
sin seguir senderos de baldosas amarillas.
Hablar, comer, reír, continuar...
Qué fácil sería no escucharte,
no tocarte,
no llorarte, no abrazarte,
si no fuera que eres tú
y esa mirada,
el reflejo en el espejo
de la vida que un día quise.

jueves, 1 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (28)


_el carácter
Toda mi vida he estado a punto de convertirme
en algo que se esperaba que fuera, y nunca fui.

Tenía frecuentes cambios de humor. Desde siempre, pero fue a peor.
Ella misma lo decía. Había días en los que no se soportaba.
Lo normal era que ni te dieras cuenta, porque buscaba la manera de no verte, de pasar las neuras en casa, sola, pero cuando estaba de buenas, era de lo mejor.
Te tronchabas de risa.
Tendía al buen humor, vale, lo fomentaba en los demás. Era graciosa, pero tenía aquella otra parte triste, terriblemente trágica, que podía manifestarse en cualquier momento. Y no entendías muy bien por qué.
Un detalle concreto, una mala contestación, un gesto... Le afectaban demasiado algunas cosas que a veces no iban ni con ella. Pero la entristecían. Y eso chocaba, por lo fuerte que parecía. Imperturbable. Indestructible.
Y sin embargo, no.
Emocionalmente era una persona inestable. Una atormentada.

Para ejemplo, la bochornosa tarde de verano en el que la conocí, con su minifalda vaquera blanca, sentada a pelo sobre unas escaleras de cemento. Ajena por completo a nosotros, cuatro lagartijos espatarrados al sol.
Cabreada.
Muy, muy, muy callada.
El más pequeño –y el único que se atrevía– se acercó sudoroso para hablarle y acariciarle las piernas, pero nada más tocarla, ojiplático, se detuvo en seco ante aquellos pequeños tallos de pelo que sobresalían de su piel de rodillas hacia abajo y, mirándola como un loco mira a otro loco, le gritó enajenado: ¿pero por qué me pinchas?
Y ella, que no había dado un pío en lo que iba de tarde, se tiró un cuarto de hora llorando de risa.