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lunes, 11 de noviembre de 2024

Me acuerdo (45)

Me acuerdo de que se me durmiesen las manos, después de haber trabajado varios días forrando cajas con tela.

Me acuerdo del capítulo de dibujos animados en el que se celebraba el Día Nacional sin Bob Esponja en Fondo de Bikini y de lo cruel que me pareció.

Me acuerdo de la primera vez que fui al teatro, en una salida del colegio, con nuestra profesora Adela.

Me acuerdo de balancearme en una hamaca y ser feliz.

Me acuerdo de plantar cacahuetes y comerlos tal y como salían de la planta, sin tostar.

Me acuerdo de algunas palabras y canciones en francés, que aprendí a los 20 años, cuando viajé a Canadá a visitar a mi familia.

Me acuerdo de tener el pelo largo hasta la cintura.

Me acuerdo de faltar a clase para jugar a las cartas en un bar.

jueves, 16 de febrero de 2023

Un elefante na sala de estar

 "Pregunteille a papá cal fora a miña primeira palabra e quedou calado un tempo longo, e despois díxome que non se acordaba ben, que seguramente fose algunha desas -mamá, auga, pan- e daquela decateime de que hai moitos recordos de min que mamá levou con ela."

                                        Berta Dávila

                                        Edicións Xerais de Galicia

lunes, 14 de septiembre de 2015

Hombres muertos que caminan (11)

la familia_

Familia, te odio.

A menudo pienso que nada de lo que me dijeron era cierto. Nada de lo que me enseñaron fue útil para la vida que quería vivir.
Qué ironía. Son lo que más quieres y de pronto un día, te rebelas. Sólo percibes sus errores, su pensamiento en círculo, ese modo de verlo todo de otra manera, tan suya, que ya no es la tuya ni por asomo.
Te asfixian con su atención, con sus demandas, con el poder que algún día tuvieron sobre ti y se resisten a perder. Te dan los mejores consejos para ellos y dejas de pedirles que se pongan en tu lugar, en tus circunstancias, para evitar que te desplacen hacia las suyas.
De pronto, lo ves claro. Son individuos, como todos los demás. Como tú. Y no te ayudarán, si al hacerlo no les ayudas.

Algo cambia, todo empeora cuando lo ves. Esa casa repleta de enemigos ocupando un espacio que, en realidad, está lleno de mentiras. Uno a uno, todos fallando y al final, la mesa sin patas y la vajilla, partida en el suelo.
Son lo que más has querido. Probablemente, lo que más querrás.
Pero ya no hay dudas. Vacías el recogedor en la basura. 
Y te llevas la comida a la boca, con tus propias manos.