A los apegos feroces.
Aunque cumpla 46 años, no voy a dejar de hacer nuevas amistades. Por qué no. Pero está claro que, a estas alturas, una también va a cribar como si no hubiera un mañana. Es de vital importancia, por ejemplo, que tus nuevos amigos no sean gilipollas. Para empezar. Esto, fundamental. Que no sean posesivos, una lapa. Debe correr el aire, para poder volar nuestras particulares cometas. Sería entre importante y genial que les gustasen los libros, y que además, los leyesen. Que confiasen lo suficiente en ti como para prestártelos sin más, y viceversa. Sería conveniente poder aprender algo de ellos, conocer por ejemplo, sus gustos musicales y que estos abarquen desde Mari Trini a The Winery Dogs. Sería divertido que se diviertan contigo, que sean mafaldianos, o les guste el humor de Tute y Flavita, que muy a menudo te digan que estás fatal. Que te traten con respeto y normalidad y que puedas hablar con ellos, yo que sé, de cualquier cosa, hasta las 3 de la mañana de un día cualquiera, aunque te echen la bronca porque aún no has visto Deseando amar. Sería bueno que te dijesen la verdad, que suele afectar siempre a lo malo, pero, por una vez y por qué no, también te sorprendiesen con todo lo bueno. A esta edad, y para un vampiro del cariño como soy, lo más importante de los nuevas amistades es que las quieras y más aún, que te quieran, sin que haya un gran motivo, una razón. Que el sentimiento nazca y no haya que explicarlo. Un si te mueres, te voy a extrañar y también yo, voy a perder. A mi edad, ya lo que quiero son apegos. Y que estos sean, a ser posible, apegos feroces.