"Hasta esa confesión, todos habían creído en mí, habían pensado siempre que me las arreglaría, que nunca dejaría de reanudar mi lucha frente y contra todo (...) Nunca habían tenido que cargar conmigo, jamás les había dejado seguir mis estados de ánimo, al contrario, siempre era el que escuchaba a todo el mundo a cualquier hora del día o de la noche. Y ahora que llegaba mi turno no había nadie. Normal."