viernes, 16 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (43)


la infancia_
No sé en qué momento se me ocurrió dejar de ser niña.



El alpendre me observaba con su vientre preñado de aperos. La guadaña, la piedra de afilar, la guadaña, las hoces, el arca, el tamiz, los martillos, la fragua, las cubas, el rastrillo, las trenchas. Toda mi niñez allí, pudriéndose oculta entre tanto tejer de arañas. Y yo a oscuras, muriendo con el ansia de ver vivos a los que ya no están, con el deseo de poder gritarles sin que ocurriese nada, de que las cosas fuesen como antes, de terminar en aquella otra vida de la que el mismo discurrir me separó. Cualquier cosa para no tener que desembocar en esta elección maldita entre rebajar mis expectativas, o desaparecer.

jueves, 15 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (42)


_la resignación
No hay salida. Quédate y aprende.

Vivió desde los treinta años sentado en un banquito de madera tapizado en terciopelo azul.
Meningitis.
Tenía que estar harto de ver tobillos, pero aprovechó el tiempo y se convirtió en un experto identificador de andares.
Algunas veces se le caían lágrimas de dolor físico, pero 362 días al año sonreía, sonreía. Sonreía.
Sus brazos y sus piernas eran los de su hermana, sorda de nacimiento, que lavaba a mano tinas de ropa a rebosar que dejaba a clareo toda la mañana.
Así como él era su voz y sus oídos.

Los dos murieron en casa de viejos, sonriendo, muriéndose de ganas de aguantar un día más...

miércoles, 14 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (41)


la belleza_
Después de todo, nada.

Era la típica niña mona, núcleo del universo y, por descontado, del pueblo.
Apuraba su caminar con pequeños pasos, meneando una impresionante melena rubia que luchaba contra el viento por acariciar sus curvas perfectas, disparo en la sien a toda una peña de adolescentes de alma caldeada. Se sabía tan poderosa ante ellos, que aprovechaba cada banco, cada rincón oscuro, para hacer brasas con aquellas entrepiernas. 
Luego venía a instruirnos. 
Las más pequeñas no entendíamos demasiado, pero la mirábamos como impresionadas. Ahá.

Los años pasaron, se hizo aún más mujer y encontró lo que buscaba. Era tan alto, tan moreno y tan Tan, que en menos de un año se casaron, compraron una casa y planificaron su maravillosa vida incluyendo en ella a una pequeña de ojos claros. 
Los demás, verdes de envidia. 
Nadie pensó que la mala suerte pudiese cogerle cariño a los guapos. Pero estas cosas pasan y así, un día cualquiera, ni mejor ni peor que el anterior, cuando aún eran felices, una viga y una mala descarga, lo aplastaron todo.
No recuerdo, ni antes ni después de aquel velorio, haber estado en ningún lugar en el que la brutal desesperación se hubiese concentrado de manera tan rotunda en un rostro. Me abracé a ella para darle el pésame y me apretó con tanta fuerza, que se me derritió la coraza. Al separarnos, los restos de su cara de muñeca de porcelana, hermosa y hundida, me lo manifestaron sin más. Todo aquel dominio, aquella feminidad, el pelo teñido, el labio perfilado, la manicura perfecta, el bigote sin pelo. Todo aquel esfuerzo tampoco era suficiente. 
 
Para nosotras, había sido una diosa. Pero serlo tampoco garantizaba nada.

martes, 13 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (40)


_el perdón
Alone.

Sé que fue triste aquella comida en Buenos Aires. Un barrio pijo y los ronquidos de un armenio que yo no escuchaba porque era parte de mí lo que se quemaba esos días en Palestina, donde se seguían carbonizando identidades, títulos, libros y las malditas banderas de siempre.
Luego el cansancio. Un medio enfado absurdo. Una cena a solas en mitad de la Noche Triste y un despertarla de madrugada, hora de irse.
Allí Montevideo y su barullo sucio.
Ella, en silencio, por primera vez.
Caminé delante de sus pisadas hasta el bus, fumándome la pérdida. Después del humo y de Ben Harper, llegó el perdón.

lunes, 12 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (39)


el alambre_
¿Qué es la genialidad?
La capacidad de volver a ser un niño en cualquier momento.


Parecíamos hechas del mismo puñado de barro.
Yo, el punto.
Ella la I.
Nos encontrábamos sin haber quedado y nos reíamos a carcajadas, perdidas en aquel mundo que era un circo lleno de personajes. Y de pulgas :).

Un día, al principio, la llamé por teléfono e improvisé un saludo que la dejó sin palabras. Confundida por mi broma, se equivocó y preguntó: pero... ¿quién soy?
En aquel momento, me reí de su cruce de cables y no supe qué decirle. Ahora sé que el tiempo que le dedicas a alguien que a su vez te lo dedica, lo es todo. Ahora sé que eso es querer.

Conocerla fue el salto a la infancia, a la alegría y al color. Vi su luz y su miedo y la elegí sin que se diese cuenta. Fue un soporte, uno de los verdaderos puntales, un sentimiento, fue lo genial. Y sin duda alguna, una razón para vivir.


LLORA SIEMPRE QUE LO NECESITES.

domingo, 11 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (38)


_las ciudades
...las ciudades están hechas para matar a la gente.

Todas las ciudades son la misma ciudad. 

Cada árbol, un objetivo más contra el que empotrar nuestro coche. 
Asfalto. Aceras de cinco metros. Humo. Atascos. Soledad.

           Demasiado semáforo.


sábado, 10 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (37)


falsas impresiones_
No se nace mujer. Se llega a serlo.

Si no eructas en su cara, eres de las que no cagarán en su baño. Si no tienes coche, es que no conduces. Si te divorcias, eres desgraciada. Si no te finges mujer, un machorro. Si te gusta variar, ligera de cascos. Si tienes trabajo, dinero. Si te suicidas, sólo un problema mental. Si eres guapa, eres feliz. 
       Si no ven el humo ni el canuto, es que no lo has fumado. 

Si no les lloras, eres una insensible. Si no la pregonas, no tienes vida. Si lo que tienes es pareja, es que eres fiel. Si además la quieres, ni hablar de vaginismo. Si no la tienes, lesbiana o virgen. Si no te dura, es que no se la pones dura. 

             Si piensas en alguien, ese alguien pensará en ti. 

Si te ríes, eres tonta. Si te gusta el sexo, una guarra. Si eres discreta, una antigua. Si sólo escuchas, inteligente. Si abortas, se sabrá. Si no pronuncias la palabra, es que no follas. Si no eres madre, no eres nada. Si protestas, un bicho. Si tu ánimo varía, automáticamente bipolar.

           Sólo eres romántica si haces el amor. 

                Si no te gusta nadie, vaya frígida reprimida. Si lees, otra cultureta anorgásmica. Si te casas, es con quien quieres.

               Aquello que marcas, ya es tuyo.

Desilusiónate. La única certeza, es que moriremos.