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lunes, 26 de octubre de 2026

Mi barrio. Las personas.

Un barrio no sería nada sin las personas que lo habitan. Sin todos esos personajes y personajillos que lo nutren con su personalidad diversa y genial. Apenas hay que fijarse un poco y enseguida salen a la luz. La mujer del quiosco que reparte con su carrito y su cojera los periódicos a primera hora de la mañana, los distribuidores de carne, fruta y pescado en el Mercado, los camareros que desparraman con cierto orden las terrazas sobre las aceras, las barrenderas, los panaderos que salen a la puerta del horno a respirar el primer aire de la mañana, las churreras que tienen la masa a punto para la hora de apertura, los peregrinos, el señor que duerme en la calle que a veces saluda y a veces grita, el yonqui que vende los mecheros a un euro, la chica que pide con cierta amabilidad mientras no se le va la olla y se pone a insultar, los borrachillos de la puerta del bar, los músicos callejeros, el heladero griego que quizás sea italiano, el grupo de rumanos que se sientan por las tardes a la fresca, los vendedores de la once y sus pequeños puestos verdes de la suerte, la gente que sale a pasear, la que se sienta en los bancos a observar, los conductores, los patinetistas, las patrullas de policía, las escritoras, las parejas que se cogen de la mano y se besan, los niños, los perros que van en carritos de ruedas, todas las personas ciegas que se orientan perfectamente usando su bastón blanco, el vecino que hace yoga en el balcón, los que hacen su vida frente a ti, porque no tienen cortinas y el hombre que viene a verte y a leerte desde su propio barrio, en la otra punta de la ciudad y al que le dejas tu llavero de la pantera rosa para demostrarle que confías en él y que por ahora, -como diría Jamie Cullum-, tú también lo quieres. Toda esta gente forma ya, parte imprescindible de tu nueva vida en El Calvario. Esa que por fin, deseas vivir.