miércoles, 2 de septiembre de 2015

Cómo ser humano. Susana, vuelve a escribir :).

Un ser humano.
Eso, es lo que me gustaría ser.

Me siento viva porque he nacido, aunque no volvería a repetir.

Fui un accidente, ese calentón, fui lo segundo, lo inesperado, la sorpresa del número par. Fui una más, una del montón, fui lo que sentí a cada momento que era. 


También fui lo peor. O casi. 

Alguna vez, sin saberlo. Y ahora que lo sé, digo que no me gustó. No me gustó. No me gusté. Nada de nada.

Sé que pertenezco a una generación aún no clasificada, deprimida, idealista, desperdigada en lo virtual, vagabunda, inerte, bondadosa, cruel, infantil, desorganizada, frívola, cobarde, sexual, acomodada, sensible, indiferente, soñadora y escuálida. Y que dentro de ella, me han visto gorda y diminuta. 

Sé que no soy lo peor. Nadie lo es. Pero me he equivocado. He creído, he confiado, he sonreído, he soñado, he estudiado, he trabajado y sencillamente, la vida no ha dado respuesta a mis expectativas y me ha puesto en mi sitio. Que es aquí abajo. Dentro de mí.

Este año, que es el año del cambio, el año de la cabra y por lo tanto el mío, qué cojones, me he dado cuenta de que quizá deba dejar de ir brincando alegremente de piedra en piedra. Y despeñarme. 

Es todo un proceso, desde luego. Estoy inmersa en él y es distinto, muy doloroso y triste. Lleva su tiempo. Y la paciencia, mi fuerte, es clave. No quererlo todo a costa de todo. No tenerlo ya, a un precio que no puedes, ni quieres pagar. 

Siempre he sabido que es un error. Que con ser bueno, no basta. Sólo que necesitaba que mi padre, que es la persona más persona que he conocido, la persona que más me ha querido y el hombre que me ha enseñado casi todo lo práctico, casi todo lo útil, casi todo lo que hay que saber para ser un individuo autónomo y defenderse en esa vida que no he querido vivir, me lo dijese. Este año.

Ser bueno no sirve para nada.
Se pierden todas las oportunidades. Se gana en humanidad.

Quiero a mi padre. Y ya lo creo que se me nota.