Tenía tres años y medio y abrí un armario. Rastreé y ¡bingo!, una
caja llena de pintaúñas. La puerta, blanca. El lienzo perfecto. Así
que, inspirada, desarrollé mi obra, a lo Pollock. Mi madre se enteró
al momento -fue un chivatazo- y desarrolló la suya, a zapatillazos.