"Me contó Andrés Trapiello que una vez, un operario que había ido a su casa a hacer algún arreglo se paró sobrecogido ante su biblioteca, imponente, y le preguntó a qué se dedicaba. "Soy escritor", le dijo. A lo que el hombre, lleno de asombro, añadió: "¿Y los ha escrito usted todos?". Y Trapiello, tras un momento de zozobra, le dijo que sí sin inmutarse, que, si no todos, casi. "Cómo iba a desanimarle", me dijo."