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domingo, 22 de enero de 2023

La suerte


Fotografía: Elena Dean @bicodepulga

Aunque Wikipedia cataloga la suerte como el resultado positivo o negativo de un suceso poco probable, mi definición favorita hasta el momento la da James Mathew Barrie en Peter Pan, cuando cuenta que un niño que buscaba con ahínco un penique por el parque, encontró dos. Pura chiripa. Suerte es también una canción de Shakira, el nombre de una administración de loterías de O Porriño, y el trébol de cuatro hojas. Mala suerte es cruzarse, por ejemplo, con un gato negro, aunque sea de tu vecino. A todos nos ha pasado. Con cierta frecuencia hemos tenido golpes fatales, rachas que es preferible olvidar. Parece fácil, pero no, valorar nuestro nivel de fortuna. Todo depende, imagino, de con quién nos comparemos. Depende del enfoque. No soy Siri Hustvedt, pero tampoco una mujer afgana. No soy una PAS, pero tampoco una momia. No me ha tocado la lotería, pero al menos tengo trabajo. Aún así, aún estando en ese confortable punto medio, evitamos pasar por debajo una escalera. Nos da pánico que se nos rompan los espejos. Compramos Budas y los metemos en casa, aunque se hayan quedado totalmente desfasados. Me pregunto qué sucedería si solo tuviésemos buena suerte. Si obtuviésemos todo aquello que deseamos. Me pregunto si esos deseos tendrían fin. Y si ese fin sería bueno. Pero ya no. Ya no será posible saberlo. Puto gato. Puto gato negro.

viernes, 1 de enero de 2016

viernes, 23 de octubre de 2015

Hombres muertos que caminan (50)


_las manos amigas
¡Morir sería una aventura sensacional!

Era un loro. No se callaba nunca.

Estábamos tan tranquilos, tomando café. Y me lo soltó:
- Oye, ¿por qué crees tú que la gente se suicida?
- Pues porque están en su derecho, le dije.

Le dije la verdad. Le di esa respuesta, que quería escuchar.

lunes, 22 de junio de 2015

Ne-Cesâreo

Tengo una amiga que tiene un padre con bigote, gallinero y perdiz (R.I.P).
:))))))))))))))))))))))))))))

Una tormentosa mañana en la que ambas intentábamos avanzar (seguimos en ello, seguimos en ello) por una calle peatonal, empezó a refunfuñar. 
La escuché.
No porque fuese una amiga, sino porque Me gusta que la gente idolatrable y con vocecita, se cabree. Tienen sus razones. Malos días, meses, años, décadas, vidas. A todos nos pasa. A mí, desde luego. A la perdiz de su padre, también :((.

Sobre la tristeza en general y de esa perdiz en particular, hablé en un cuento que se titula Cesâreo, como el nombre del hombre que fue su dueño -no de la tristeza, que es Patrimonio de la Humanidad-, sino de ese pajarracucho en cuestión. De como ese señor, que parece un hombre duro, un hombre cualquiera, un hombre más, demostró no serlo. De como la observó. De cómo se preocupó por un simple animalucho de corral sin nombre. De cómo lo intentó. Dar con la solución, buscar un remedio anti-tristeza. 
Colocar un espejo en el gallinero, para hacerle creer que no está sola. Menuda idea, dijo su hija. Bueno, algo es algo, le dije yo.

No tengo ni que deciros que me encantó. Porque es algo bonito, tierno, sencillo. Una ocurrencia, pues como de niño. Graciosa. De las que te hacen :))))).

No le dediqué mucho tiempo al cuento, la verdad, porque no lo tenía. 
Pero lo escribí. 
Estaba leyendo Peter Pan y me gustaron pequeños detalles del estilo de James Mathew Barrie, como cuando habla de un crío, que buscando un penique a la orilla de un estanque, encontró tres. O algo así. 
Parece ser que este Barrie, era un buen tipo :).

Luego lo envié al Concurso de Cuentos de Temática Infantil de la Asociación Unión Cultural Zona Sur de Valladolid, simplemente porque encajaba en cuanto a extensión y estas cosas. Sin mayores pretensiones. 
Le dieron un tercer premio :).
Sé que debería haberle dado alguna vuelta más antes de enviarlo. Falla el pre-final, fallan algunas cosas. Y para que algo sea redondo, completo, bueno, para que le den el diez, el primer premio, es necesario dedicarle tiempo dentro del tiempo que no tenemos. Tiempo del bueno, tiempo desde dentro. Pero yo no lo tenía. Y mi objetivo no era ganar. Era escribir, dentro de lo negativo del momento, un cuento para niños, un cuento con un buen final.
Lo hice.
Luego me miré al espejo, como la perdiz. Y no se rompió, aunque no era feliz, porque el reflejo no era una mentira. Era yo, que seguía allí, conmigo, con quien nunca me he llevado del todo mal. 

Puede que la vida no sea un cuento para niños, puede que porque desde luego ponemos todo nuestro empeño en que no lo sea. Pues refunfuñemos lo que queramos pero empeñémonos en lo contrario mientras podamos pasar las páginas, porque del final, es que no nos vamos a librar. 

Nada es tan difícil. Nada es imposible. Se trata simplemente de querer querer. No es mucho más que eso. Así que intentémoslo antes de que nos impriman un FIN y nos encuadernen :). 

Mucha suerte a todos.