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martes, 8 de diciembre de 2015

Hombres muertos que caminan (96)


_despedidas
Qué otra cosa podemos hacer.

La de hoy fue una noche triste y deprimente, de esas en las que descubres que todo termina mucho antes de lo esperado y que las lágrimas de personas que creías incapaces de llorar, dan para salar las pipas de tres girasoles.
Qué tristeza contagia la muerte, qué ausencia de todo, qué ganas de nada... Cuando se pensaba que la suya era una vida aún sin iniciar, resultó que ya había abandonado la lucha. Hoy nos preguntamos el porqué, cómo no pudimos ayudarla, qué fue lo que falló.
Se hizo extraño este vacío, perder su presencia, entrar de nuevo en su casa –llena de ella– y encontrársela falta de sonido. La ropa, los cuadros, la comida pudriéndose en la nevera, los libros, los recortes de prensa, la almohada con la marca de su cabeza, el champú abierto, su cartera...
Quién se hace cargo del perro cuando el dueño muere, quién le echa tripas para revisar sus pertenencias, para ahondar así en su intimidad cuando su olor aún se conserva en el aire... quién se presenta voluntario para contestar a las llamadas y comunicarle la noticia a los que aún no lo saben. Quién camina ahora por las calles sin encontrársela en cada adoquín, en cada escaparate, en cada paso de peatones... Porque pasarán años hasta que el dolor desaparezca y nos permita recordar, hablar de ella, reírnos con las viejas anécdotas, suavizar sus defectos, beatificarla en la distancia, asumir definitivamente su falta... 

martes, 17 de noviembre de 2015

Hombres muertos que caminan (75)


la hipocresía_

...quiero conocerlos a todos pero
ni siquiera sé el nombre del vecino de al lado.

La bondad, el esfuerzo, la sensatez y el sufrimiento que cada uno de nosotros invertimos en nuestras propias vidas debería ser suficiente como para que alguien tratase de ayudarnos y llegase a valorar nuestra existencia como sobrevalora la suya. Pero nunca es así, porque la vida no es más que una gran mentira en la que todos queremos creer.
Durante mucho tiempo intenté encontrar a alguien que no buscase la ofensa, sino la constante defensa de lo mucho que existe de defendible en el resto de las personas. Que se dejase de pudores y rescatase una palabra amable, que no esperase a su muerte para rendirle un homenaje. Pero somos seres falsos y absurdos. Nos sindicamos, apadrinamos niños, ingresamos dinero en cuenta para reconstruir las barracas tumbadas por el paso de los huracanes, donamos sangre, nos dan penita los nenes barrigudos de África pero, en cambio, cuando enferma nuestra madre, o el suegro, o un hermano, y toca limpiarles la escara, nos desentendemos. Somos los más solidarios, pero ni miramos para el vecino que se muere de hambre, duerme en el cajero y pide a las puertas del supermercado.
Claro que preferimos pensar que los verdaderos problemas únicamente existen a miles de kilómetros de distancia, pero no es así. Están aquí, a nuestro lado y sería hora de intentar solucionarlos aunque huelan, sin el apoyo de papaíto y mamaíta, ni del marketing, ni de las cámaras, que sólo filman contenidos –a ver si nos enteramos de una vez– que se puedan retransmitir en horarios de máxima audiencia.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Hombres muertos que caminan (2)


No habla de esas cosas con la gente, allí no hay nadie con quien hablar de ellas, nadie que las sepa. Si le preguntaban, decía bien en general, en general estoy bien, va bien. Pero hay veces en que siente demasiado, en que si pudiera contárselo a alguien, diría no puedo soportarlo más quiero arrancar el papel de las paredes e hincarme de rodillas y machacar el suelo con mis puños inútiles y destrozados.

Si nadie habla de las cosas que importan