"Entonces decide que se acabó. Basta de pingüinos contoneándose y jirafas anudándose. Vuelve a casa, y cuando llega escribe con letras grandes en el cielo: 'Hélice, soy yo'. Hélice sabe que es ella. Todas las mañanas la espera en el camino, la busca entre las nubes y regresa a su casita como un viejo perro achacoso. Ahora vuelve a ser Hélice, el perro que mata los calcetines, y sigue el rastro del queso. Sólo que la felicidad es algo complicado, y no sabe por dónde empezar. Entonces, sale disparado, se olvida de frenar, desentierra tres begonias, echa una bronca a una mosca, se para en seco, con la lengua babeante, la frente arrugada. Susana ha vuelto."