A Diego
Yo crecí en el fondo de un cuarto
donde los minutos estaban prohibidos
donde la tristeza no tenía pestañas,
ni párpados, ni ojos,
y respiraba por la boca (como un perro cansado).
Yo crecí en el fondo de un cuarto
que la muerte alquilaba por horas,
que era el miedo de mi hermano,
que ni la sombra quiso para teñir sus trajes.
Yo crecí en el fondo de un cuarto
y escuchaba llorar a la vecina
y su llanto se filtraba por el techo
y me caía todo ese naufragio en la cabeza.
Yo crecí en el fondo de un cuarto
donde los espejos tenían fiebre y perdían la cordura.
Hasta aquí venían a dar a luz los ciegos, porque podían ver a sus hijos.
Nadie, sino ellos, me calmaron diciendo:
-Todo es igual...
Yo crecí en el fondo de un cuarto,
oscuro.