lunes, 21 de septiembre de 2026

Mi barrio. La panadería.

 El olor a pan calentito es una de esas sensaciones que te ofrece la vida, tirando a insuperable. Aunque el producto ya no es, ni por asomo, el producido por la maravillosa panadería familiar de mi pueblo, cada obrador de barrio actual, lo hace lo mejor que puede. En mi calle hay una panadería que ya tiene la persiana abierta cuando voy a trabajar. Es bastante temprano, pero ellos llevan horas en el horno. Cada mes, un camión aparca sobre la acera y dos operarios descargan a hombros los sacos de harina. Las palomas lo saben, y se acercan a picotear algún resto que pueda caer al suelo. Pronto salen cajas enteras de barras, bollas, bollos, chapatas, baguettes, artesano. Y también la bollería, las tartas, los pasteles de crema. Todo tiene una pintaza. Y todo engorda, claro. Pero no es para tanto si se consume en su justa medida. Que nos quiten lo bailao. Ahí compro de vez en cuando el pan y, cada año, la tarta de cumpleaños semifría que llevo al trabajo. Ahí me saludan las dependientas, aunque no entre, algunos días. Ahí se fragua la cotidianeidad de la vida familiar, de cada casa del barrio. Y ahí pienso, de vez en cuando, cuando paso por delante, que si hay un lugar adecuado para morir, es una panadería. Con un buen empacho de masa madre.

lunes, 7 de septiembre de 2026

La sociedad del cansancio

 "El mundo se asfixia en medio de las cosas. Estos grandes almacenes no se diferencian esencialmente de un manicomio. Parece que lo tengamos todo, pero nos falta lo esencial: el mundo. El mundo ha perdido la voz y el  habla; es más, ha perdido el sonido. El ruido de la comunicación ha sofocado el silencio. La proliferación y la masificación de las cosas ha desplazado el vacío. Cielo y tierra están repletos de cosas. Este mundo de mercancías no es apropiado para ser habitado. Ha perdido toda referencia a lo divino, a lo santo, al misterio, a lo infinito, a lo superior, a lo sublime. También hemos perdido toda capacidad de asombrarnos. Vivimos en unos grandes almacenes transparentes en lo que nos vigilan y manejan como si fuésemos clientes transparentes. Sería necesario escapar de estos grandes almacenes. Deberíamos volver a convertir los grandes almacenes en una casa; es más, en un centro festivo en el que merezca la pena vivir."

                              Byung-Chul Han

                              Herder Editorial

lunes, 24 de agosto de 2026

Mi barrio. Los bares.

Mientras haya bares es el título del libro más coñero de Juan Tallón -según mi opinión- y una expresión graciosa que me hace compañía. El Calvario, como es natural, también es un barrio de bares. Bares normales, sin más perendengues que una excelente atención y una buena terraza. Ahí es nada. Mi favorita es la del Alaska, en plena peatonal, con vistas a la frutería, a la colchonería y a otras terrazas que siempre están atestadas de gente. Si decido tomarme un café solo y un agua sin gas aquí - especialmente en verano- no es porque el local sea una maravilla, que no lo es, sino porque el tipo que lo lleva por las tardes, merece la pena. Educado, afable, amable, sonriente, agradable y eficaz, me cae además, de puta madre por un gesto inesperado: me saluda cuando me ve por la calle, fuera de sus horas de trabajo. Es esta y ninguna otra gilipollez, la que me fideliza como clienta. Tarada que es una. Por eso decidí pasar ahí la hora del eclipse, pensando que lo sentiría, pero no lo vería. Ya ves tú. Tanto al barman como a mí, nos daba absolutamente igual, ya que lo retransmitían en directo por la tele, pero somos gente que tiene potra. Miles de personas desplazándose para verlo bien y de repente nosotros lo tenemos delante, manifestándose en todo su esplendor y podemos observarlo gratis, porque hasta nos presta las gafas adecuadas la chica que sella loterías. ¿Será una señal? Jiji. Lo cierto es, que, desde el corazón del barrio, sin movernos de sitio, nos hemos eclipsado. Así que nos hemos mirado y sonreído. Ya tenemos tema de conversación para el día siguiente.

lunes, 10 de agosto de 2026

Cunetas

 "He llegado hasta aquí, 

porque un hombre puede dar siempre un paso más."


                          Luís Pimentel

                          Alvarellos editora

miércoles, 22 de julio de 2026

Mi barrio. La frutería.

Ahora que como más fruta, estoy rodeada de pequeñas tiendas donde la venden. Esa es la actitud :). Es verano y me encantan las cerezas y el melón, así que voy a basar en ellos mi dieta y a tener la fiesta en paz. Jaja. Ya me gustaría. Habitar la fruta, como Lisa Simpson. Habituarme a su delicioso sabor, a su color intenso y a su brillo. Reducir el consumo de carne, de golosinas. La fruta me recuerda a las fresas que plantaba mi abuelo, al vecino que me enseñó a comer los kiwis con cuchara, al muchacho brasileño que me dijo que para comer mango hay que embadurnarse. La fruta es una deliciosa y sana amiga del verano. Pone color a los mesados de las cocinas y alegra los escaparates. En mi barrio está mi frutería favorita, que llevan tres mujeres maduras y agradables que saben vender sin atosigar. Tres mujeres que me saludan por la calle, que huelen a sandía y maracuyá, que saben cuando necesitas unos espárragos trigueros. Abren todo el día, así que no hay excusa para no hacer una visita a su tienda, llena de color, y luego irte a casa a hacer una crema fría con cualquiera de sus productos. No hay excusa para cambiar de hábitos. Puede que haya llegado la hora. Darle una oportunidad a la naranja y a la fresa. A la rodaja de tomate y de calabacín o a la espinaca. Fíjate tú, sino, en lo bien que le fue a Popeye.

miércoles, 1 de julio de 2026

Diario de laboratorio.

 "El amor existe, es un hecho evidente, pero no se mide porque no está hecho de nada, no es ni materia ni energía, ni nada mesurable. El amor es un fenómeno verdadero y punto."


                                    Deborah García Bello

                                    Editorial planeta

Fotografía (13). Fran Vicente Navarro.

 

Fotografía: Fran VN

lunes, 22 de junio de 2026

Mi barrio. El estanco.

 Sé que en otra vida he sido fumadora empedernida. Y lo intuyo al sentir mi cara de deseo cuando veo las diferentes poses de la gente fumando ante mí, ignorando mi estremecimiento. Es una broma y a la vez verdad, esto que digo. Cuando se aprobó la Ley Antitabaco, pensé sinceramente que el mundo se vendría abajo, que millones de cuerpos explotarían, que arderían los contenedores y las calles. Pero nada. Rien de rien. La gente se acostumbró a ello como nos acostumbramos a la corrupción, a la guerra y a la calle de las putas. La mitad de la población, feliz porque su pelo ya nunca más olería a tabaco al salir de un bar. La otra mitad, sencillamente claudicó. Hay algo de chulería, de superioridad, de sensación de haber ido y estar de vuelta, en esta cosa del fumar. Eso es lo que me gusta, claro y no que cause impotencia, como especifican ahora las cajetillas. Fumar te da un aura de misterio, te coloca en un lugar específico y te cataloga, como mínimo, como nuevo rico. Pero el precio es lo de menos. Lo que importa es a dónde te conduce cada calada, dónde te sitúa, a dónde te lleva. Alguna vez he ido al estanco del Calvario a comprar Golden Virginia y lo he liado mientras escribía en mi portátil. Como se ha hecho siempre. Buscando la inspiración. Pero nada. Alguna vez le he encendido un cigarro a alguna amiga fumadora mientras ella conducía y me decía: "qué estilazo." No me extraña. Sé que lo he hecho otras veces. Sé que se me da bien. Con todo y con eso, la educación que he recibido me ha marcado e impedido que fume. Pero admito que nada me gustaría más, como acto de rebeldía, que mandar a la mierda al Estado y a mis queridos padres y ponerme a tragar humo como una condenada. Así que al tiempo.


lunes, 8 de junio de 2026

No se van a ordenar solas las cosas

 "El sexo con Daniel es el mejor de mi vida y esa es la razón. Hay muchísima gente en nuestra cama y todos somos nosotros dos, una auténtica orgía cada noche."

                                             Nuria Labari

                                             Páginas de Espuma

lunes, 25 de mayo de 2026

Mi barrio. Los libros.

Nunca he vivido tan cerca de una biblioteca ni de una librería y este es un hecho que me conduce a ser, un tanto más feliz que antes. Los libros han constituido el mayor soporte vital que he tenido en mis 46 años de existencia. Son el familiar que no te juzga, el amigo que no falla, el amante generoso, el objeto de valor incalculable. No hay nada que no mejore dentro de ti cuando lees algo que te apasiona, que te enseña, que te ayuda a entender y a procesar la vida. No hay nada que no se expanda cuando visitas una biblioteca, llena de silencio y de respuestas, de sabiduría y de placer. En el entorno en el que vivo hay una, la Biblioteca Xosé Neira Vilas, espacio acogedor y luminoso, repleto de prensa, libros y pelis, con un hueco reservado a lo infantil. También varias librerías, pero a una de ellas -la de libros de segunda mano- la hemos dejado echar el cierre. Puede que no falten las ganas de leer, pero sí el dinero, que en los últimos tiempos se destina a pagar el alquiler y la comida, desamparando a todo lo demás. Aunque a veces un libro sea tan necesario como un plato de paella. Porque te entretiene, te hace pensar, te ayuda a fantasear, te hace compañía y en ocasiones, te salva. Por eso siempre hay que tener alguno a mano, varios en la mochila y muchos allí donde vivamos. Recordemos, si no, el famoso y eficaz dicho popular moderno: "si vas a su casa y no tiene libros, no te l@ folles." 

lunes, 11 de mayo de 2026

El cuaderno gris

"¿Libros? Nunca he leído ninguno... ¿Es que no tenemos bastantes problemas?- dijo Pardal con una cara triste, estirada, el ojo cargado de densidad humana, canino, aterciopelado."

                                    Josep Pla

                                    Editorial Planeta. Austral.

sábado, 25 de abril de 2026

Mi barrio. La farmacia.

 Hace años, alguien muy querido me decía que él no sería nada sin la industria farmacéutica. Con el tiempo, la amistad se fue perdiendo. Mi salud también. Y ahora comprendo un poco más lo que quería decir. En mi barrio hay una farmacia en la que trabajan decenas de personas. Y a la que acuden miles. Es el centro neurálgico del Calvario, o así debe ser, porque sus jarabes, sus pastillas, sus inyectables, su propóleo, nos salvan la vida. Así, como quien no quiere la cosa. Pesarse, medir la glucosa, tomar la tensión y conseguir que esta no se dispare aunque veamos las noticias todos los días, es jugar en otra liga. La ciencia nos cura, nos salva, nos ayuda a soportar la realidad. Cada píldora que sale de la Farmacia Charro, está destinada a mejorar la calidad de vida de la gente, a hacerla sonreír, de nuevo. Y, como escribía Ray Loriga, "qué más da de dónde vengan nuestras sonrisas". Si queremos, algún día, llegar a ser mayores, deberemos pasar obligatoriamente y unas cuantas veces, por estos supermercados de la salud, porque son la luz al final del túnel. Muchos de mis recuerdos de niñez, están asociados a ir con mi madre a la farmacia. En otro barrio. En otra ciudad. Donde la dependienta, Isi, me regalaba unos caramelos de fresa cuyo sabor, a día de hoy, no he podido olvidar. Por aquel entonces yo era una niña sana. Y no necesitaba más pastillas que esas. Hoy, ya adulta y con taras, frecuento este santuario donde hay un dios en el que exclusivamente creo. Y que se llama medicina.

lunes, 23 de marzo de 2026

Mi barrio. Las galerías.

Cada día, si puedo, sobre las seis y media de la tarde, me tomo un café en las galerías del Calvario. Claro que hay muchas cafeterías por la peatonal con terraza al are libre, pero yo prefiero la del Filipo, el bar pequeñito y discreto que pone sillas y mesas a lo largo de ese pasillo interior con suelo de terrazo. Dentro de ellas, -de las galerías- conviven una tienda de ropa, un centro de estética, un fotógrafo y un zapatero, oficios que tienden a desaparecer, pero que de momento, dan la batalla frente a un cajero del Banco Santander. Tanto en los días de lluvia y de frío, como ahora que llega el calorcito primaveral, la terraza de las galerías, se llena. Abuelas con perritos, parejas, grupos de jubilados que se reúnen para charlar, niños que corretean por todas partes en plan majareta y vecinos que tienen aquí dentro su portal. Yo me siento en una de las mesas del fondo, para verlos a todos en esta especie de túnel y al fondo, la calle. Mirar para afuera es como colocar una cámara de cine que lo registra todo: el comercio de enfrente, los portales y pasando continuamente, la gente y sus vidas a cuestas, que a veces paran a descansar en el banco de madera. La señora con un chaleco rosa de pelo, una embarazada, el chico con un casco rojo, son ejemplos. Fauna de un barrio que me apasiona y que se deja contemplar sin reparos, deseando tener un futuro cinematográfico o literario pero que de momento se conforma con una entrada en este humilde blog. Lo escribo mientras un perro salchicha negro me mira con ojitos tiernos. Así que debo dejarlo todo e ir a acariciarlo :).




lunes, 9 de marzo de 2026

El jardinero y la muerte

 "Es importante darles la mano mientras se mueren, le digo a un amigo que también ha perdido a su padre.

También es importante soltarlos después, responde él tras un breve silencio."

                     Gueorgui Gospodínov                                               Editorial Impedimenta

domingo, 22 de febrero de 2026

Mi barrio. La mudanza.

Se abre un pequeño hueco en el horizonte de cada mudanza. Un hueco que llenas de cajas, que a su vez llenas de ropa, de recuerdos, de libros, de todas tus pertenencias de diecisiete años atrás. Y limpias una casa, y a veces hasta lloras recordando lo que dejas en ella mientras escuchas Suzanne, de Leonard Cohen: inocencia, enfermedad y algo de amor. Pero te mueve la ilusión de lo nuevo, del bullicio que sustituirá la calma, de los vendedores de la ONCE y todos los loteros que te ofrecerán nuevas oportunidades de forrarte. La ilusión de volver a la calle en la que viviste hace veinte años, cerca del viejo verde de tu vecino, al lado de una churrería que se llama Manolito, a un piso con galería por el que pagas 200 euros más. La mudanza, que prometía ser terrible y cabrearte, te ha salido por un precio razonable y no te ha agriado el carácter. La mudanza ha renovado tus energías, te ha aportado ganas de vivir y desembalar. Ahora por fin, vuelves a cocinar en casa, donde el café sabe más a café y tomas helado y verduritas, porque tu congelador funciona. Ya no hay cuestas ni escaleras que subir. Sólo una peatonal, llena de vida, esperando a que tú, por fin, decidas vivirla. 

lunes, 9 de febrero de 2026

El infinito en un junco

 "He crecido, pero sigo manteniendo una relación muy narcisista con los libros. Cuando un relato me invade, cuando su lluvia de palabras cala en mí, cuando comprendo de forma casi dolorosa lo que cuenta, cuando tengo la seguridad - íntima, solitaria- de que su autor ha cambiado mi vida, vuelvo a creer que yo, especialmente yo, soy la lectora a quien ese libro andaba buscando. "

                                                               Irene Vallejo

                                                               Ediciones Siruela

lunes, 19 de enero de 2026

Mi barrio

 Hace aproximadamente año y medio, comencé a vivir, -como aconseja Juan Luis Arsuaga- deliberadamente. Cambió mi lugar de trabajo y me mudé de barrio. Volví al Calvario, a la misma calle que habité hace casi veinte años y eso me ha convertido en una persona relativamente feliz. Aquí, junto a la peatonal que lo atraviesa, lo tengo casi todo. Y he aprendido que en ese "casi" reside la gracia, la ilusión permanente de algún día alcanzar lo demás. Ya veremos qué y para qué. Pero ese es otro tema.

Por ahora y de momento, me maravilla empezar el día escuchando la indie y cruzándome a los vecinos más madrugadores y a los moteros que reparten churros a las siete y media de la mañana. El trayecto al trabajo, -que hago a pie- es un momento epifánico, -lo juro-, desde que he dejado de escuchar las noticias en la radio. Por la tarde, cuando salgo, ya hay verdaderamente vida en el lugar. Veo a los Jorges, repartidores majísimos de Gls que aún no han acabado su turno, a montones de personas en las cafeterías, el Mercado, la frutería el bazar chino, las librerías, el fotógrafo de las galerías, el zapatero, la heladería, la clínica veterinaria de animales exóticos, el supermercado, la farmacia, el estanco, las churrerías, la administración de loterías que algún día me hará millonaria... en fin. La vida que quiero, de momento, se encuentra aquí. Donde los vecinos me saludan y los yonquis venden mecheros de colorines por la voluntad. Qué más se puede pedir siendo, en origen, una orensana del 21.

Este es un barrio bullicioso, pero tranquilo. Lo que yo llamaría un lugar optimista, -plagado de vendedores de la ONCE-, si no fuera por la cantidad de personas que piden y viven en la calle. No es el paraíso, pero a mí me encanta. Cuando vuelvo a casa, -casi a cualquier hora- siempre me encuentro a un conocido,-el típico tipo que no se mueve de la puerta del bar y que suele estar cocido, que me dice "chao, cariño" con una sonrisa y su acento uruguayo, porque lo saco de su rutina y se alegra de verme. Yo también. Y a veces pienso que nada en mi día, que nada en ningún día, podrá superar ese momento.

lunes, 5 de enero de 2026

Mil cosas

 "Cuando pone los pies en la calle, algo se acaba y algo empieza."

                                                     Juan Tallón

                                                     Editorial Anagrama