Hace aproximadamente año y medio, comencé a vivir, -como aconseja Juan Luis Arsuaga- deliberadamente. Cambió mi lugar de trabajo y me mudé de barrio. Volví al Calvario, a la misma calle que habité hace casi veinte años y eso me ha convertido en una persona relativamente feliz. Aquí, junto a la peatonal que lo atraviesa, lo tengo casi todo. Y he aprendido que en ese "casi" reside la gracia, la ilusión permanente de algún día alcanzar lo demás. Ya veremos qué y para qué. Pero ese es otro tema.
Por ahora y de momento, me maravilla empezar el día escuchando la indie y cruzándome a los vecinos más madrugadores y a los moteros que reparten churros a las siete y media de la mañana. El trayecto al trabajo, -que hago a pie- es un momento epifánico, -lo juro-, desde que he dejado de escuchar las noticias en la radio. Por la tarde, cuando salgo, ya hay verdaderamente vida en el lugar. Veo a los Jorges, repartidores majísimos de Gls que aún no han acabado su turno, a montones de personas en las cafeterías, el Mercado, la frutería el bazar chino, las librerías, el fotógrafo de las galerías, el zapatero, la heladería, la clínica veterinaria de animales exóticos, el supermercado, la farmacia, el estanco, las churrerías, la administración de loterías que algún día me hará millonaria... en fin. La vida que quiero, de momento, se encuentra aquí. Donde los vecinos me saludan y los yonquis venden mecheros de colorines por la voluntad. Qué más se puede pedir siendo, en origen, una orensana del 21.
Este es un barrio bullicioso, pero tranquilo. Lo que yo llamaría un lugar optimista, -plagado de vendedores de la ONCE-, si no fuera por la cantidad de personas que piden y viven en la calle. No es el paraíso, pero a mí me encanta. Cuando vuelvo a casa, -casi a cualquier hora- siempre me encuentro a un conocido,-el típico tipo que no se mueve de la puerta del bar y que suele estar cocido, que me dice "chao, cariño" con una sonrisa y su acento uruguayo, porque lo saco de su rutina y se alegra de verme. Yo también. Y a veces pienso que nada en mi día, que nada en ningún día, podrá superar ese momento.
Después de leerlo estoy viéndote rodeada de unicornios , corazoncitos y florecitas mientras vas por la calle cantando y bailando. Todo bucólico y precioso.
ResponderEliminarNo podría definirlo mejor. Y el unicornio, pastando briznas de oro ahora mismo en la terraza, jiji...
EliminarYo siempre fui de Las lagunas , salvo los dos años de la pandemia que me mudé para proteger a mí familia y ahora mismo que estoy viviendo en Barcelona...y a mí me gusta como es... Supongo que es la gente que aprecias la que configura el lugar pero a mí me gusta como está...
ResponderEliminarEs bonito que sientas eso, supongo que es lo que tenemos miedo que la vida moderna destruya...
Eres un ciudadano del mundo!! Jaja. Espero que el cambio haya sido a mejor! Saludiñossss y gracias por seguir comentandoooooo...
EliminarMarabilla a descrición do que atopas nese tempo camiñando ao traballo.
EliminarQuizáis, ese cambio do que nos falas, Su, lévate agora a outro xeito de percibir o que ves, unha visión diferente do que te rodea?. Ou xa era así antes?.
Aceptar é vivir máis conscientemente?.
Gústame ver que segues en plena forma!!
Penso que , sendo sempre consciente do meu entorno, agora o desfruto máis, o vivo con máis ledicia, con máis peso. O entorno cambiou e eu con el. E iso fíxome un pouco máis feliz, sen pretendelo :))).
EliminarGraciñas, James, por continuar por aquí!
Hay jilguerito, mira que no avisar antes para ayudarte con la mudanza....
ResponderEliminarVisualizo tu paseo, caminando lentamente pero con paso firme, hacia la Churrería Manolito. Observando el entorno y los rostros que se cruzan en tu camino.
Te veo conversando con el vendedor de la Once, mientras te deleitas rascando cupones.
Me alegra sentirte bien, ver que este blog sigue vivo, que no te rindes ante nada ni ante nadie.
Quizás, solo quizás, nos encontremos algún día paseando por el Calvario y al calor de un café, recordemos esas anécdotas que nos dieron un poco de alegría en nuestro día a día.
Hasta entonces, te deseo mucha suerte, salud y que los churros no se conviertan en una adicción.
Saludos Jilguerito
Ay dios, pero quién eres??? Jajaja qué intriga! Muchas gracias por tu comentario, por alegrarte por mí. Me ha encantao. Y sí, sigo siendo un jilguerito :)))). Gracias.
Eliminar