lunes, 22 de agosto de 2022

Sistemas de defensa


Está meridianamente claro que reírse de uno mismo es mucho más sencillo que que se rían de ti. El fin de semana pasado, por poner un ejemplo, me llamaron, en los dos días consecutivos, foca y solterona, en ese orden. Yo contesté a la afrenta con una sonrisa, desde luego, pero por dentro me cagué en su puta madre. Por fuera no, claro. Eran de la familia. Cada uno de nosotros construye un sistema de defensa contra las agresiones diarias, a la vez que intenta tomar libremente decisiones tan incompresibles como no casarse, no tener hijos, o comerse doscientos gramos de mortadela con aceitunas. Porque sí. No todo va a ser follar, como dijo Krahe. Tropezarte con ciertos gilipollas a lo largo de tu vida, sin embargo, puede hacer que te hundas en la miseria o que te reafirmes. Luchar contra lo retrógrado también agota, me digo mirándome al puto espejo que, como todos, tengo en casa, pero mi sonrisa y yo, tiramos para adelante :).

lunes, 8 de agosto de 2022

Arrojar basura al mar

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Apareces y desapareces
como basura arrojada al océano
sin mala intención,
aunque el daño se halle presente
en cada cuchara de metal
cada neumático 
y cada tapón de plástico que devuelve la marea.

En medio de todo eso que has dejado, 
también hoy voy a nadar.

viernes, 22 de julio de 2022

Algo de viento

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

 Qué sensación. La de estar suspendidos en el aire. Soñar que volamos, que nos balanceamos en una hamaca, que colgamos las piernas cuando nos sentamos en un muro alto, ver secarse la ropa al sol y algo de viento. La brisa es tan gratificante como cobrar a final de mes. El aire libre es una paga extra. Cada vez hay más problemas de ansiedad, de salud mental, cada vez nos sentimos más heridos e indefensos. No hay soluciones fáciles, pero ojalá esta lo fuera. Parar, respirar, dejarse mecer, tumbarse boca arriba con los ojos cerrados, comernos una zanahoria, masticar lento, hablar despacio, dejar las redes sociales por un tiempo indefinido. Hacer nuevos amigos, quizá con nombre de vaca o de cabra, o de gato. Pasar tiempo con ellos, tal vez acariciarlos, dejarnos lamer. Volver a lo primario, a plantar un tomate, a segar la hierba, a ordeñar. Quién sabe si eso ayudaría. Quien sabe si lo que necesitamos es un tendal en medio de la nada y algo de viento.

viernes, 8 de julio de 2022

Julio

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Julio ya está aquí, golpeándonos suavemente como un balón de playa, acercándonos prudentemente a la Navidad. Es ese mes que huele a crema y que sabe a cerezas. Es el calor abrasador y el chorro de agua fresca de las fuentes de los pueblos. Julio son las vacaciones, el cumpleaños, lo conciertos de verano y las terrazas llenas de gente bebiendo sangría. Todo su calor incita a pensamientos turbios y a actos impuros. Al cigarrito de después. Ponerse unas chanclas para inmediatamente quitárnoslas al pisar la playa ya es deporte nacional. Comer melón, a un precio prohibitivo. Esparcirnos la crema protectora, en vez de ir a pelo como en los noventa, cuando te descascarillabas sin más y pellejo nuevo. Julio es un mes bonito y algo vago, como una parte de nosotros. Se vuelven 31 días de no querer hacer nada (salvo el muerto en el agua), de buscar una buena sombra y beberte una Mil Nueve bien fresquita. Julio es un mes para los cachas y al resto que nos jodan y nos lleven los sudores. Julio ya está aquí, con sus tormentas y sus treinta grados. Y a quien no le guste, que se abanique y camine descalzo sobre la hierba. Si eso no funciona, apaga (el sol) y vámonos.

miércoles, 22 de junio de 2022

Perros

 

Fotografía: efialtes_fernando gonzález


Me encantan los perros. El ruidito mimoso de los cachorros cuando los coges en el regazo y los acercas a ti. Las travesuras de los primeros años, cuando mordisquean las zapatillas y zarandean las escobas con furia. Los lametazos. Acariciarles la barriga cuando se tumban boca arriba y te abrazan con las patas. Sus bostezos. Sus eructillos y sus pedos apestosos. La alegría que manifiestan en los recibimientos y la pena que transmiten en las despedidas. Su manera de enterrar los huesos. Su trufa húmeda. La expresividad de sus ojos. Su lealtad. Esa manera incondicional de querer. Los ladridos. 

Aborrezco la violencia ejercida sobre ellos, las tormentas que los atemorizan, los petardos que los aterran, a aquellos que organizan peleas, a quienes no los acarician, el moquillo, la rabia y los tumores. Detesto el abandono, la maldad y el tráfico.

Si pudiese reencarnarme, lo haría en perro. En uno como el de la foto, probablemente sin raza, posiblemente con nombre. Sería un Toby o una Laika, y me tumbaría como él al sol, para disfrutar de la tarde y de aquellos que pasan, sacan una cámara e inmortalizan tu mirada perruna, cargada de desconfianza, sorpresa y soledad. 

miércoles, 8 de junio de 2022

Echarse flores

Fotografía: efialtes_fernando gonzález


Todos hemos nacido con ese don. Deshojamos la margarita y casi siempre nos sale un me quiero, aunque no me quieran. Somos unos putos egocéntricos, esa es la verdad. Y nos encanta que nos hagan casito, que nos echen flores, que se vuelquen con nosotros. No hay más que ver nuestros muros de Facebook, nuestros perfiles de Instagram, nuestros ridículos bailes en Tik Tok. Suspiramos por un puñado de likes, por un comentario nuevo en nuestro blog. Queremos que nos quieran más que llegar a fin de mes. Deseamos la alabanza, el aplauso, una alfombra roja que pisotear con nuestros taconazos de purpurina. Damos pena. Y nos gusta darla si eso nos aporta otro Me gusta. Qué le vamos a hacer, si no tenemos abuela o la que tenemos, solo sabe repartir hostias. ¡Ah, que tiempos lo de antes! Qué anónimos éramos, qué infelices. Menos mal que las redes sociales han llegado para sacarnos del fango, para hacernos brillar. Ahora al fin somos aquello que siempre quisimos ser. El centro de atención o, lo que es lo mismo, esa abultada piñata que se abre para hacer felices a quienes además de festejarla, la golpean con el palo.

 

domingo, 22 de mayo de 2022

La limosna


Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Abrir el paraguas es altamente recomendable cuando ves que va a caer un chaparrón. En mi pueblo, por ejemplo, todavía vive el cura que, a la entrada de la iglesia, puso un corcho con un listado de vecinos y lo que cada uno de ellos había aportado en donativos ese año. En números rojos, a un lado, subrayaba la deuda que tenía la parroquia en aquellos momentos, que era algo así como un millón ochocientas mil pesetas, o lo que es lo mismo, lo que le había costado su Citroën Xantia nuevo. Mi familia y yo, que no aportábamos un duro, cuando íbamos a algún entierro, mirábamos para aquel corcho y abríamos el paraguas de la indiferencia. Gracias a ello sobrevivimos al escarnio público. Ese paraguas eliminó el rubor de nuestras caras e impidió que pusiésemos la otra mejilla, o directamente, el culo. Cada vez que desde el púlpito ese mismo cura gritaba "con la fe no basta, hay que dar", más nos agarrábamos la cartera cuando pasaban el cepillo. Y os juro que no era tacañería. Era amor propio.

domingo, 8 de mayo de 2022

El timbre

Fotografía: efialtes_fernando gonzález

Sobre cualquier pared de azulejos puede presentársenos una disyuntiva: timbrar o no timbrar. Y es que no siempre conseguimos que la persona que está en el interior de una casa nos abra la puerta o responda, tan siquiera, al timbrazo. Hacen falta mucha energía y una dosis potente de buen humor para contestar al telefonillo. Quién sabe quién podría ser. Normalmente, mormones. Está claro que cualquier mal presagio se cumplirá, si ya se ha recibido la visita del butanero. Cualquier otra cosa, morralla, recibos o vendedores de enciclopedias. En la era de Internet. Cómo estará el patio. Responder a una llamada es, pues, tarea de valientes. Porque nunca es el vecino interesante que viene a pedir sal. Nunca son seres angelicales cantando villancicos el día de Navidad. Abrir la puerta supone encararse con un pago o un pelma. Los timbres se han hecho para incordiar al que duerme plácidamente la siesta en el sofá, para provocar un incendio cuando se está cocinando y se acude a la llamada, para levantarnos del váter cuando nos hemos bajado ya los pantalones. Al que le ha pasado se le plantea pues, el dilema: Vivir o dejar vivir. Aunque siempre podrá timbrar y salir corriendo. A quién no le gusta una travesura.