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| Foto: Elena Dean @bicodepulga |
Menudo mes. Festivos, cenas, familia, luces. Sobre todo, esto último. Abarrotar las calles del centro de las ciudades de leds se ha puesto de moda y dile tú a los hosteleros, a los taxistas y a los niños, que no. Nueve millones y medio de euros se gasta Vigo en ello y poco me parece, para lo que nos merecemos los que vivimos aquí. El alcalde ha puesto la ciudad en el mapa y ahora toda España y parte del extranjero quiere conocer a los vigueses, volar hacia ellos, tocarlos, quizás. Todo eso estaría muy bien si éstos se dejasen querer, si no estuviesen hasta las pelotas de tanto turista, tanto atasco, tanto villancico y tanta huelga de Vitrasa. Pero por intentarlo, que no quede. Al Dinoseto también se le adoró y miradlo ahora, completamente despeluchado. Vosotros veréis. Surcar la Puerta del Sol puede ser posible, pero la Plaza de Compostela es un objetivo inabordable, los días festivos. Ya os aviso. Una no ve las casetas de comida, sólo las huele, mientras se cruza con cientos de cabezas que van en todas direcciones y hacia la fila de una hora para subir a la noria. Aún con esas, salgo de cena, hoy. Para retar al tumulto. Al fin y al cabo, soy orensana, y tengo derecho a invadir territorio vigués, sólo que esta experiencia lumínica puede ser muy fuerte. Pero lo haré para estar ahí, en la pomada, como una más. Eso sí, con unos chupitos encima, para poder sobrellevarlo y qué cojones, también brillar.
